Arpía
ARPÍA
Yo,
En muda liturgia con la vida
fui despojando a mi alma
De sus brillantes armaduras,
desde el yelmo dorado
de mi vívida pasión por la armonía,
M
que siempre llevé sobre mis hombros
Y la placa de acero que había puesto
sobre mi corazón,
Aun las calzas de pesada suela y sus cuerdas
las desaté pues creí que el camino
Ya había llegado a su fin
y era tiempo del descanso y la paz.
Lentamente y de espaldas a las murallas
de este mi bastión sin gloria
Abrí un arcón que guardé y protegí
en innúmeras batallas, mi corazón.
Tú,
En furiosa vesania te mostraste
abriendo las horrendas alas monstruosas,
Viéndome ya indefenso en medio del patio
con extraña parsimonia, a mano limpia,
Diste tu último paso y con tus garras
asesinaste mis últimos anhelos de una vida feliz.
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