Vasija de amor


No me preguntes cuáles son las manos que forman el amor, ni a cuántos grados tiene que madurar.
Recuerdo que de noche y de día el corazón latía.
Las luces se prendían y el amor el fuego encendía.
Aprendí que todos somos una vasija latente en espera de recibir vida.
Cada palabra fue una pincelada.
El tiempo que dedicaste fueron manos que moldearon con destreza mi corazón y lo único que recuerdo es que barro inanimado fue, hasta que entró en contacto con tu piel.
Duele equivocarse y duele perder.
Pero lo que una vez fue, siempre puede volver a ser. Cuando manos dedicadas trabajan en él, fuerza y esperanza vuelven a revestir su tez, dudo que se vuelva a romper.
Caminamos por la vida recogiendo pedazos y mejorando cada día.
Y aunque por fuego y espera se tornee el corazón, él siempre puede volver a ser una vasija de amor.

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