El rocío y la rana (poema infantil)
El rocío despierta el viento con lágrimas de azahar;
sus gotas afligidas comienzan a llorar;
su color está de duelo, de duelo su olor;
el rocío está gris, ya no puede sonreír;
la lluvia silente en su cava celeste suspira también
y al lado del rocío la mariposa desmaya de soledad.
En el huerto la amapola, el narciso y el clavel,
murmuran la tristeza del rocío que no quiere comer;
aún sueña con casarse como quería hace un año
del alegre y tranquilo charco.
Ahora las hormiguitas buscan néctar para el gran festín
que celebrará la boda sorpresa del rocío con su prometida.
¡Ay!, del Oriente vendrá un cortejo de luciérnagas
enviadas por el rey para iluminar su alma entristecida.
La noche con encajes dorados visita al rocío
en su choza de caña, lo abraza con dulzura
y lo invita al río para danzar con la luna
que lo espera con música de estrellas y el lucero enamorado.
El rocío complaciente marchó al encuentro con la alegría.
y al mirar sobre una roca, vio entre el follaje a la rana
por la que su corazón saltaba de amor y algarabía.
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