Forastero de tus tierras

En la torre a la que recurro de vez en cuando nació un anhelo significativo.

El de la simple adquisición de una identidad de foráneo.

De forastero pretendiendo estar perdido para adentrarse en ciudades como las de su cuerpo.

Como un extranjero desorientado con complejo de turista, deseo profundamente hacer caminatas con mis falanges más largos por los caminos de la ilusión.

Ser aquel forastero que en minutos llegue al encanto, el extranjero al que en unas horas se le conceda una residencia sin papeleo, que aceptaria sin ningún comentario además del de un grato y genuino agradecimiento, con la disposición justa para continuar por rutas que incluso la misma ciudad desconocia de si misma.

Abrir las puertas de los bares y emborracharme de movimientos repetitivos, extasiarme con la simpleza de las palabras repentinas sin un propósito planteado.

Alentar a todo aquello que florece en sintonia equilibrada, iluminarme con todos los vuelos posibles que hacen llegar a cualquier viajero al éxtasis.

Plantar bajo tierra fértil los residuos de algo que un día fue distinto a lo que es hoy, deslizar mi cordura por el asfalto convertido en poros, descubrir el funcionamiento de las estructuras del deleite visual y táctil, y ser aquel que vive con la ciudad un amor incomprendido.