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Poemas mejor votados desde Julio 22

poema

JUNTITO AL CORAZON

Si acaso te imaginas que todo se ha perdido,
que todos tus amores se han ido despidiendo;
detente en ese instante ; acude sonriendo
y saca esos recuerdos del cofre del olvido.

Y allí; como el que encuentra un tesoro escondido,
rebusca lentamente al punto del detalle,
volverán esos años y aquella vieja calle
trayendo hasta tu lado todo lo que has querido.

Verás que todo, todo; se encuentra allí guardado,
allí en tu pensamiento, juntito al corazón
y esa angustia primera que llegó sin razón,
se marchará en las alas de un pájaro encantado.

poema

UN SUEÑO EN UN BUS URBANO

Era lunes y como todos los días, me disponía a retornar a casa después de la pesada jornada de trabajo. En la oficina el estrés dominaba el ambiente, como en toda actividad detrás de un escritorio, por más cómodo que este sea. La rutina es algo inevitable tanto en el trabajo como fuera de él; salir del moderno edificio, caminar unas cuadras, recorrer los mismos lugares, mirando las mismas vitrinas y ventanales y hasta a las mismas personas; un saludo a unos cuantos porque a otros ni los miraba debido al cansancio que invadía mi cuerpo y mi mente ocupada aún con números, cuentas y sonidos estridentes; viejas máquinas que no sé para qué sirven pero que no paran de sonar, computadores con la contaminación propia de la tecnología, bulliciosas impresoras, molestos timbres de teléfonos que suenan todo el día, preguntas, respuestas; en fin, el bla bla, el corre corre y para colmo el diminuto radio que parecía perderse entre tanto vocerío.
Con saco y corbata, con otro nudo en la garganta, como si no bastara con el que tenía casi siempre por los sobresaltos de la vida, si hasta parecía un anticipo a querer ponerme la soga al cuello.
Salir de un cubo de estrés para caer en el trajín de las ciudades a la hora pico, bulla por aquí, bocinas por allá, el runnnnnn de motocicletas y autos, insultos entre conductores, entre peatones y entre conductores y peatones, el interminable pi-pi-pi y el ir y venir de las personas en las aceras y en las calles.
No sé cuando empezó el dolor de cabeza pero era ya intolerable y más aún cuando en la parada de buses, pasajeros que llenaríamos tres unidades, pretendíamos viajar en una; como es de imaginar, empujones, pisotones, y groserías no se hacían esperar, eran tan comunes y te venían mucho antes que los centavos del cambio. Lo importante era subirse para no tener que sufrir la desesperante espera del siguiente turno. Yo, como diría mi abuela: “vivo vivo”, lo logré…aunque a veces pienso que me subieron entre tanto apretujón.
Ya en el bus, ansioso aguardaba que alguien se levantara para ser uno menos en aquella prensa humana y para librarme de las mañas de algunos “amigos de lo ajeno”… -¡Por fin un asiento! ¿Lo tomo? no, mejor lo dejo para aquella señorita…Vaya, otro asiento desocupado en la última banca ¿Estará por ahí otra señorita?- me pregunté, pero enseguida me di cuenta que era yo el único que no estaba sentado y con calma me puse cómodo. Entre tanto calor humano, el ambiente se había tornado pesado y la lucha para que no se me unieran los párpados fue en vano.
De pronto, una película se proyectaba ante mis ojos: Una ciudad pequeña, casas bajas muy blancas y de viejos techos rojizos se levantaban en sus calles empedradas, sus amplias aceras encuadraban con perfección milimétrica a las pocas manzanas como en un tablero de ajedrez; estaba viendo a Ibarra, mi querida ciudad, regresando unos treinta o cuarenta años en el tiempo, pequeña pero hermosa, rodeada de verdor y olor a campo, encantadores paisajes la flanqueaban y al salir con rumbo a San Antonio, mi destino, árboles coposos, pasto, flores silvestres de mil colores, maizales y un amplio cielo azul con aire tan puro que daba gusto respirar, lo sumergían a uno en un viaje de turismo extremadamente placentero.
Un bache en el camino me despertó y pude darme cuenta que el estrés y el dolor de cabeza habían desaparecido y me sentía como nuevo pero me percaté también, y eso me puso muy triste, que sólo fue un sueño, un maravilloso sueño, porque al mirar por la ventana, en los costados de la gris carretera donde otrora, bajo los sauces, aguacates, nogales, pinos y eucaliptos, pacían vacas, cabras y hasta llamas, estaban grandes edificaciones, columnas de hierro, caminos asfaltados o adoquinados, cemento, ladrillos y concreto, materiales inertes con los que se sepulta para siempre la tierra fértil, la esperanza y la vida.
Al llegar a casa, yo que nunca las miraba, comencé a cuidar las pocas plantas que en los tiestos clamaban por sobrevivir, ahora tengo muchas de ellas, es más verde mi espacio, me he dado un segundo tiempo para alegrar mi vida, para respirar y he aprendido que el dinero tiene mucho valor y que la naturaleza vale más que todo el dinero del mundo.
Texto: Juan Carlos Cadena
Imagen tomada de la red

poema

Sabes...

Sabes…
ya se fue la tormenta,
las nubes negras se diluyen a lo lejos
y el sol marcha al descanso,
feliz por un día nuevo.

Sabes…
yo, también, alejo para siempre
los brunos pensamientos
y pinto sonrisas en mi cara
por ti, por mí,
por nuestra esperanza.

Sabes…
cuando pases cerca de casa
mira de frente la mar en calma,
cierra los ojos, disfruta la brisa,
piensa en nosotros
y sentirás que todo está bien,
que nada falta.

Sabes…
yo te quiero
y tú me amas.

Autora: María Cruz Pérez Moreno – acnamalas –
Derechos de autor reservados.
15/06/2020 Madrid. España.

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Vergüenza siento

Vergüenza siento

Para mí el invierno es lindo,
Claro esta porque hay techo
Y no a la intemperie el pecho
Se seca, porque me blindo

Entre lana y fuego tibio,
Me siento dichoso de más
A veces triste no hay paz
No contento y sin alivio,

Se me arruga un nudo feo
En la garganta que trato
De tragar a cada rato
Si, sin techos tristes veo,

¿Será faltar el respeto,
Por dichas agradecer,
Por el confort y placer,
En que me encuentro envuelto?

En vano triste me siento
Si nada puedo yo hacer,
E hipócritamente ver
A muertos por el frío viento.

24/07/2020 Agustin Percivale

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Respuesta del silencio

Aleja el miedo,
no es con capricho,
es con motivo eterno
mis latidos por tí; y eres hoy
la voz cansada
de una duda que ignora...

Puedo sin palabras
anclar los azotes de tus miedos,
las respuestas de tu cuerpo...

Arranca la tibieza de tu alma,
esa que a veces no te deja ver
cuanto te amo;
Te sudo las manos,
con las mías,
si fuera hoy
nuestro último momento...

Si mi piel te coloniza, sí,
como el conquistador sediento de asedio,
si te siembro caricias,
agito en tus venas un verbo,
su conjugación es:"amar"...
Y es nuestro acto, llamado:
"sueño cumplido";
Si mi naturaleza... te nombra "amor mío",
y como en clásica melodía,
de "un sólo" de sonrisa
ya no te dejo escapar.

Si en ese instante de tiempo,
te doy, me doy, nos damos,
razón y sentido a la existencia;
¿Por qué preguntas si estaré a tu lado,
acaso no has visto que no tiene mi mirada, otro reflejo que el tuyo?...

Anda, ven y completa
esta fórmula inoxidable
de formas de sentirte,
de amarte a todo aire,
de acompañarte siempre;
de llorar por ti a veces,
de llegar a cualquier edad;
a este tiempo,
en que casi me sangra amarte...

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DIOS

Sentado en su trono
e impartiendo justicia verdadera,
manteniendo el equilibrio en el cosmos,
perfecto en amor,
creador y señor
de todo el universo...

Ojos de mortal no te vieron
y continuaron vivos,
inconmensurable resplandor de gloria...

Omnisciente ser,
conocedor de mis mas íntimos pensamientos,
en el tercer cielo estableciste tu palacio,
mas la tierra pusiste
por estrado de tus pies...

Estas presente en todos los lugares
al mismo tiempo,
y fragmentos tuyos dispersos por doquier
en toda la naturaleza;
y a pesar de toda tu grandeza,
aun me amas y te importas conmigo,
esta mota de polvo en el universo.

(25/07/2020)

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Los calcetines de la abuela

Desde su rincón de ayer,
zurce izquierdos calcetines
con magia de otros confines,
la abuela y madre, y mujer.
Teje la abuela; al tejer,
el mimbre bajo el asiento
viaja a sus dedos, sediento
de ser calcetín o media.
Mi abuela es enciclopedia
que zurce sueños al viento.

poema

Aquí adentro

Aquí por dentro
mi rojo bombea de rodillas
en tu pulcro litoral
de olas cristalinas y de eterno suspiro
que el soplo de vientos de tu existencia
concibe sin mayor conciencia,
que bello esta el mar con tus tersos cabellos,
es también florida la mañana encendida
al nacer tu día de luz
que fecunda mi firmamento
envuelto en tenue blanco velo.

Los acres abrojos, si
esos que revisten el sendero de mi rojo color,
aquellos egoístas que hacen al amor parecer
satisfechos de ver todo de negro color,
sin procurar abolir mi rauda presencia
mas enferma la luz en desengaños
palpando el fin de la pasión de tu amar.

Aquí por dentro el silencio es ruidoso
me enseña a pasar los años,
en espera de tus hermosos días
siempre fiel a mi soledad.