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Poemas mejor votados desde Noviembre 12

poema

VESTIDA DE LLUVIA

Implacable, sin tregua... pertinaz,
así nos visita la lluvia prodigiosa;
pero llega constante, hasta furiosa
con un viento agresivo, indómito, fugaz.

Azote de palmeras; Florida se despeina,
llueve y llueve ya sobre mojado,
temeroso el sinsonte se queda acurrucado
y sin tener corona, aquí la lluvia reina.

Y YO...novia del Sol, celosa de este día
que besa en su humedad los rayos de mi Sol,
que se roba su luz, su ardiente resplandor
y trae hasta mi lado sutil melancolía.

Pero si la lluvia visita mi noche, mi ventana,
la abrazo dulcemente juntito al corazón,
me arropo en su sonido cual mágica canción
y el Sol con su caricia despierta mi mañana.

poema

Erasmo

Erasmo de letras cultas;
el mismo, tan bondadoso
de otorgarme sus veros.
¿Quién soy yo para merecer?
Él, qué con guante de seda
descalabra al poderoso,
da bofetadas de nubes
al que se cree el gran dios.
El mismo que a los dioses
le ha pedido poesía
sin darse cuanta que eso mismo,
es lo que es él.
Dice se requiere fortaleza
y más bravía
¿Le diré yo que la tiene?
Él clama que un saludo
de un canino, es poesía,
con ello yo estoy de acuerdo.
Erasmo es usted
un gran poeta, de todas
y por haber.
De mi corazón al suyo,
solo vengo a agradecer.
Si alguien dice mi nombre,
algo estaré haciendo bien.

poema

Sombrío

Se desdibujan
las lágrimas de la lluvia
entre la nostalgia de la niebla,
mis lágrimas,
junto
al grisáceo del atardecer.
Mas tú te alejas lentamente,
hacia un horizonte sombrío,
tan brumoso como el sentir
de todo mi ser.
No hay palabra
que detenga tu paso,
ni mil plegarias
me otorgarán tu perdón.
Te entrego a ese horizonte
que te dará nueva aurora,
dónde la esperanza brillará para ti,
a través de lágrimas de lluvia
y lo sombrío de mi atardecer...

poema

No pudo ser... no pudo

Con el alma en la maleta y de puntillas
sigiloso, sin rozar apenas soplo,
va saliendo quien me roba la caricia
el que nubla la mirada de mis ojos

No me basta la tormenta que me envuelve
busco a tientas el tronar de mis enojos
y un revuelto corazón me sale al paso,
sus misterios, que no acierto me recuerdan...

Sentirás de la partida la tibieza...
cuando apenas la presencia sea recuerdo,
no emborrones de pasado tu futuro,
deja libre lo que pudo ser... No pudo

poema

Te dedico atardeceres

Ramificada por la columna,
la misteriosa fuerza
en la breve ilusión de hallaros.

Una plegaria profunda
en la imprecisión de fragmentos,
como reminiscencias del alma.

Si vuestro aliento escuchase
sobre el plazo poco explorado
desafiando las fronteras.

La necesidad de tiempo en el tiempo
bordado en el prolongado camino,
equivale a las ondeadas memorias
sosegadas y destempladas.

Vos que sonreís al silencio
en el campo de quimeras,
entre crónicas de libertad dentro, en calma;
sobre un cultivo de dorado trigo
donde manso palpita el corazón.

Allí, donde inerte residís
entre jardines atado a mis fanales,
germinando por debajo del rocío
en la complejidad de la escritura.
A veces, te dedico atardeceres
y voy a visitarte en los actos
intangibles ya sin cuerpos.

Cubierto todo,
las memorias del vocablo
permitiesen vivid en eternidad.
Y entre retratos de una procesión de promesas
en la fuente eterna de poesía
dunas de arena, nacen,
y con ello, hoy soy menos mortal.
ϴ

Fondo musical: Michele Mclaughlin- A beautiful distraction

Noviembre 15, 2022
© 2022 Gabriela Ponce- La Dama Azul
Todos los derechos reservados.

poema

Geometría de la experiencia

En una flor que descansa alejada del bosque,
se depositan las palabras y las emociones olvidadas,
se guardan en un cofre hecho de frecuencias y sonidos,
dormidas permanecen,
tan solo un color,
como llave del tercer rostro,
las resguarda...
la voluntad de reír, la fe
y lo más sacro en una existencia sin intermedios,
acompañan tal tesoro;
son un regalo, un presente,
una realidad mejor narrada.
En los caminos formados por los reflejos,
me dirijo, sin pisar las letras,
rozándolas, casi acariciándolas,
con un deseo emanado de una voluntad férrea,
de una catarata escondida, imperceptible,
protegida en una oración,
una plegaria,
un salmo guardado como espada...
Enésimamente, en todo ese viaje.
En todo lo sutil en que se puede disgregar el universo,
mi alma se nutre, se rompe,
se une, se hace lirismo y trueno,
se convierte en eclipse,
en amanecer,
en la música del oleaje,
en cada perla que se vierte en la superficie,
después del dolor,
después de la risa,
después de la fiebre y el regocijo...

Se guardan los sueños en un secreto lugar,
tan pequeño como brillante,
es el centro universal..

Un centro que nadie encuentra...

A pesar de estar a vista de todos...

poema

PECADO

Pecado fue verte y desearte,
pecado fue morder la manzana prohibida de tu piel,
pecado fue querer acariciar tus jardines
siendo clavel de otra.

Pecado,
ambos cometimos pecado:
yo ansiando el querer de tus manos;
tú seduciéndome con tu lascivo vergel.

Y aunque dicen que fue pecado
amarnos,
yo lo sentí como el más alto cielo
de celeste mantel.

En el infierno de tus besos
cuántas veces,
gozosa disfruté,
y tu loco enamorado
hasta de emoción has llorado.

En nuestro pecado
la magia y la pasión
ardieron con exquisita insensatez.

Tú y yo gozamos del fruto prohibido
con avidez,
una, dos, tres veces;
creo que hasta diez veces, diez.

Edith Elvira Colqui Rojas Perú Derechos reservados

poema

¡Qué linda es la vida!

¡Qué linda es la vida!
Cuando se viste de blancos y de lilas!

¡Qué bello el sol
cuando sonríe a barlovento y sotavento!

¡Qué hermosas las calles!

Cuando explotan en jolgorio
y algarabía,
y rezuman de sus gentes
flores de entusiasmo sonrientes.

¡Qué dulces esos carros
que viajan libres y bulliciosos por la autopista!
¡Qué primorosa esa mariposa!
Que hoy se posó en las campanillas de mi jardín,
derrochando simpatía contagiosa
haciendo de la vida un festín.

¡Qué bellos los colores de la vida!
Sus bajadas y subidas,
sus olas mansas,
sus playas pedregosas,
sus horizontes grises,
sus horas de lluvia o de alegres perdices.

Yo la amo toda entera,

en sus profundidades simples,
y en sus fabulosas quimeras.

Vida amiga
eres la más hermosa flor de primavera.
Autora: Edith Elvira Colqui Rojas Perú Derechos reservados