Los mejores poemas

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poema

El muchacho que hablaba con los árboles

La mímica de los árboles desollaba la intemperie
de una brisa corpulenta en los trapecios de las ramas,
los ronquidos de los troncos milenarios inherentes
daban la sepultura a la voz de tantas batallas.

Veneraba la grotesca sombra de aquellos susurros
que siempre escudriñaban su mutismo,
y una diálectica acontecida perforaba el escudo
de aquella maravillosa forma de llegar a sí mismo.

Podía quedarse horas, comtemplando la cúpula
de un cielo rascado por las nanas de los pájaros,
un réquiem de hojas la lápida de raíces tapizando,
el paisaje era una caja de música por él descubierta.

Hilvanando el embeleso de aquella escena
recaudando miradas de un cielo rapsoda,
origami de insectos, barcas obnuviladas
que parasitan instantes lejos del ahora.

La rediciva del ocaso formula ilíadas oscuras
recicla el silencio la plasticidad de sus fisuras,
exhuma la niebla el unísono nonchalante
con su pléiade pintoresca, masiva y errante.

Hipnótica simbiosis de voces trenzadas
la semilla de un árbol en el corazón trasplantada,
paraguas de ramas cobijando el encuentro
en la memoria lo llevo siempre, muy cierto.

( Para Jurgan)

poema

MIEDOS.

...se me fue como el agua entre los dedos...
¿Cómo es eso? Rápida, callada, silenciosa,
es la vida ligera, breve, efímera cual rosa...
se nos va la vida y no cesan nuestros miedos.

El miedo es algo que siempre está presente,
el instinto de conservación nos tiene alertas;
miedo a las sombras, al crujir de las puertas,
el temor a lo incierto está latente.

Pienso que el miedo nos hace precavidos,
desconfiados, cuidados al actuar;
no hay que temer al punto de gritar,
pero es de sabios también ser comedidos.

El miedo nos prohíbe muchas cosas,
por momentos nos impide ser felices,
pero todo en la vida tiene sus matices...
las espinas forman parte de las rosas.

Si no tomas las rosas por temor a sus espinas,
jamás apreciarás su suave olor;
si temes el fracaso en el amor,
nunca degustarás sus mieles finas.

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Ingles borrascosas

La tutela de tobogán de piel canela
licenciando la lengua por el estrecho
de una ingle, mientras la otra espera
en medio un foco que agoniza maltrecho.

Una colina succionada por labios gruesos
que tildan un abismo encarcelado en la mente,
siguen la inercia déspota de esa curva pendiente
hasta llegar al grito abrupto en su culto ninfómano.

Por esas ingles borrascosas, firmes , morenas,
autopistas de besos sin peaje ni protocolo de caricias,
morada de la esfinje clitoriana que canta cuál sirena
rogando ser embestida por el terror de esa erótica pericia.

Por esas ingles paralelas, orillas de esa isla bendita
se escurre el deber de la belleza por crear belleza,
por esas lenguas ramificándose en una llaga ventrílocua
que desmitifica claves de un placer de gran nobleza.

Por la femenina comisura de esas líneas perfectas
se aventuraron los deseos rehenes a escaparse,
por el pasaje prohibido de esas ingles tan tersas
un aroma de caverna mudó la noche con su pelaje.

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SANTA RITA DE CASIA.

SANTA RITA DE CASIA
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Un ángel del cielo anunció
a su buena madre Amada
que una hija iba a tener
de Jesús enamorada.
Cuando nació Margarita,
la niña fue bautizada.
Con cariño su familia
dulce Rita era llamada.
Blancas abejas salían
y entraban de su boca,
sin poder hacerla daño
el enjambre se convoca.
De sus padres aprendió
a hacer obras de caridad,
a ser devota de Cristo,
a rezar y a poner paz.
Siendo ancianos ya sus padres
a casarse fue obligada
con un hombre despiadado
por el cual fue maltratada.
Al tener dos bellos hijos
y con su incesante oración,
el marido de la santa
experimentó al Señor.
Estando todos felices
su esposo fue asesinado,
en su sufrimiento Rita,
el culpable es perdonado.
De una epidemia sus hijos
murieron por enfermedad,
perdonando al asesino
para su muerte no vengar.
Quería ser religiosa,
ésa era su vocación.
Tres veces las agustinas
la respondieron que no.
Durante una noche soñó
que tres santos la llamaban
y corriendo detrás de ellos
al convento se acercaban.
Elevada por San Juan,
San Nicolás y San Agustín,
las hermanas la aceptaron
ingresando al cabo allí.
Cual palo seco regar
la Madre la ha ordenado,
del que creció una parra
que dio un vino afrutado.
Margarita pidió al Señor
una señal del cielo,
si allí estaban sus hijos
entre sus ángeles buenos.
Un día del mes de enero
una parienta la visitó,
higos y una rosa roja
de su jardín la pidió.
Rita le rogaba al Señor
con una oración ferviente
sufrir el dolor que Él sufrió
mandando estigmas en su frente.
Sus últimos cuatro años,
enferma Rita yacía
por múltiples infecciones,
esperando su agonía.
Su sepulcro exhala un olor
maravilloso de rosas,
santo divino perfume
de esta mujer amorosa.
Patrona de lo imposible,
tus devotos imploramos
que intercedas por nosotros
y que tu ejemplo sigamos.

AUTORA: ALMAR.
Almudena del Río Martín.
DERECHOS RESERVADOS.
13/9/2018.

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IGUALES Y DIFERENTES...

¿Qué cantarán los poetas
que otros no hayan cantado?
¿Dónde está el verso esmerado
de interminables facetas?
Sin números las cuartetas
que le han cantado al amor,
a la alegría, al dolor,
a la luna, a las estrellas;
a todas las formas bellas
de describir una flor.

Hay algo que no se iguala
cuando de escribir se trata;
la magia que se desata
y en cada pluma se instala.
Es la lucidez que exhala
el alma del escritor,
es sencillez, es candor,
es sonrisa enamorada;
es encontrar la morada
donde se hospeda el amor.

Cada poeta es sin par,
todo es diferente en ellos,
los colores, los destellos
traen un sello singular.
Pueden poetas versar
unidos al mismo tema;
verso especial es la gema
que brota del corazón,
con un signo y distinción
de una pluma como emblema.

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Tu inédita terquedad

Tienen tus ojos la antología inédita de esa mirada
de ese antro concurrido por la terquerdad ,
de las líneas fruncidas de esa frente tan alta
que tantas suelas de zapatos ha gastao ya.

Tienen las necesidades de tus paisanos
arraigadas uñas al renacimiento de tu puño,
terco querer por llenar jarras de lágrimas
que se secaron como truños.

Tu inédita terquedad venció el tiempo
Quién mejor que yo lo sabrá?
Quien te vio parir de cuclillas tantos sueños!
Quien te vio vencer la misma terquedad
Que te tuvo en vida ya casi sin aliento.

Tienen tus rodillas antologías remendadas
con huesos de harapos y piel de saco,
tus codos repiquetean como muelas tercas
que se niegan a rendirse ni aunque sea por un rato.

Que tiene tu patio flores sencillas y bonitas
que turbias se han quedado, las pupilas
del alba escondiéndose bajo el caparazón
como tortugas, al cesar tu terco canto estridente.

Y de la escarcha sobre el nido de ese gorrión
que cada tarde comía de tu mano,
la cal en la pared perdió su esplendor
el ruido del adiós tan terco sigue sonando.

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Balada de amor

Esta balada de mi amor
claro, bello y dulce
esparce mi lumbre
por tu campo de oro,
que vida, dicha y encanto
a nuestras almas infunde,
de este sentimiento, nuestra poesía
y tu mundo de resplandores
que enloquece jamas dude,
tu voz acude a mi desvelo,
en la verbena de la tarde
de párpados pesados,
la brillante gema se trizo
y un grato ramo
de flores relucientes
calmó la terrible pesadumbre,
los astros alados de la noche
nos llevan a canciones
de otros reinos lejanos
llenos de luz y nobles hidalgos,
¿Cuánta bella ilusión
se une al jolgorio
de nuestra fiesta?

Adoro el corazón libre,
jamás impuro
por el ambiente sereno
del sueño de la vida
más, ante estas sagradas rimas
te amo
por ese Ferrari rojo,
el blanco yate
y la mansión de dos soles
en Montecarlo.

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Nada quedó

Ya no había más qué hacer.
Tu alma lloraba lágrimas de silencio y mis gritos ahogados no lo podías escuchar.
Nuestras sendas eran nebulosas
y sin rumbo.
Las palabras dejaron de tener
sentido; nuestros oídos
se tornaron sordos
al entendimiento y nuestras
miradas eran distraidas
y ausentes.
Mi figura era parte del los muebles, a la par del jarrón
de las rosas secas y olvidadas.
Tu paso estaba siempre
listo para partir,
y tu mano en la manija
de la puerta.
Así qué mi mano dejó
de buscar la tuya, mi puño
se fue cerrando de a poco
junto a mi corazón
que olvidó sus ilusiones
perdidas.
Tus esperanzas, las tenías
en otro mañana,
y ya no había más que hacer
pues nuestras almas lloraban
lágrimas de silencio.