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poema
SUSURRO OLVIDADO
El susurro de tu voz
invadió el espacio que mantenía cerrado para siempre.
Abrigue los sueños con las caricias de tus manos temblorosas, naciendo
de nuevo mis sueños
entre la sonrisa de nubes de nieve tan blanca, que dolía mirarla.
La escarcha cubrió la noche
pero las brasas de mis sentimientos dormidos en el tiempo,
despertaron con auge rozando tu piel.
Cuando el deseado alba dió paso a la mañana,
los rayos del sol subieron las persianas de las ilusiones, que el polvo del olvido había cubierto.
E. Escribano
poema
Te quiero y no lo sabes
Quiero amarte.
Con mis escondidas fuerzas
Un paso decisivo.
Serena, callada y muda
Simple, ,ingenua, pero un alma llena de nobleza.
poema
Un beso sobre la arena
Serena estaba, serena
la mar azul tan callada
mientras a olvido y espera
el tiempo suave jugaba.
La brisa marina abraza
el alma mientras gorgea
y cada dolor del alma
va a contar a la marea.
Mi paso sobre las dunas
de tu vida fue un poema
y el viento borro en dos horas
mis huellas sobre tu arena.
¡Que triste, que triste suena
el adios que nos separa!
¡Que lejanas esperanzas
va cantando mi poema!
Parece que el cielo vierta
sobre las olas su pena
lloviendo lagrimas cuenta
su amor a la luna llena.
Y adentro…¡Qué sal amarga,
inmenso amar, mar inmensa!
El alma herida contempla
marejadas de tristeza.
El viento me enlaza y pasa
como la aurora y me besa
susurrando una plegaria
por la ausencia que me pesa.
¡Adios! ¡Adios! Tan callada
susurra de azul, serena
la mar que a mis pies ha puesto
un beso … sobre la arena.
poema
Perfección 4
Debería morir junto a la tristeza, el amor.
¡No florecen las rosas!
¡El ruiseñor no canta!
¡El sol no sale por las mañanas!
No quisieras que el tiempo se detuviera.
Ir al mar, sentir la brisa, cerrar los ojos.
Respirar la libertad
Surcar con tus dedos en el agua.
Ver un barco en el horizonte
Entonces, preguntarte
¿Quiénes serán?
Y tu corazón se sobresalga de nostalgia.
Foto
Nicolás Cage
poema
El viejo, el joven y la muchacha
El viejo, el joven y la muchacha
A la derecha, en la esquina de la parada de colectivo, los gritos de la gente, algunas bocinas y la muchedumbre de siempre oscurecían esa escena. El aire se llenaba de ese humo melancólico que se siente en la garganta y obligaba a callar, y el bullicio provocado por la vorágine de la ciudad era ignorado muchas veces por los transeúntes.
La plaza era inquieta y enorme. Debajo de ese álamo viejo que parecía bailar y desprenderse de sus hojas ya amarillentas y marrones al ritmo de un vals triste y cansado, yacía ese banco blanco y gastado donde cada martes y cada viernes se sentaba el viejo.
—¡Cartera gris, Julieta o Janina! —gritó el viejo antes de que una mujer pasara delante de él.
—No, no, es Amalia o Amelia. —respondió el joven sentado a su lado.
Ellos jugaban a adivinar; era un juego que no tenía un ganador, porque en definitiva y a la larga, jamás lo averiguarían. A ellos no les importaba.
Los ojos del viejo parecían cristales, eran de un azul trillado e intenso, que guardaban memorias y recuerdos.
Mientras observaba las hojas girar incansablemente, alejarse y perderse sobre las baldosas frente a él, supo muy bien que quizás sería su último otoño, el viento fresco de mayo ya se sentía en sus huesos, pero, en cambio, su alma parecía escapársele noche a noche.
—Pasé una hermosa noche junto a una bella chica el miércoles —contó el joven al viejo.
—¡Qué hermoso lo que me cuentas! —exclamó el viejo. —¡Adivino que se conocieron por muchísimo tiempo hasta llegar a esa noche! -
—No, hoy es muy distinto, existen las redes sociales, cambió totalmente todo. - objetó el joven.
- Recuerdo cuando conocí a Ana; éramos vecinos, vivía a unas cuantas casas de la mía, en aquel pueblo donde te he contado que pasé mi juventud. Meses y meses escribiéndole cartas, luego accedió a que la acompañara a alguna heladería o a algún bar, dos o tres meses más y al cine; al cabo de dos años nos besamos por primera vez. Mi Ana, mi Anita, justamente hoy hace siete años que ya no está. – Mirando de reojo al cielo, luego a la esquina. Contó el viejo con el corazón desgarrado.
—Lo que es la vida y sus casualidades, la chica que conocí el miércoles también se llama Ana. - exclamó el joven sonriendo.
Eran casi las diecinueve y…- —¡ciento ochenta y siete! —gritó el joven apenas vio descender del colectivo a la muchacha. Esa exclamación repentina era cómplice; ambos sabían que indicaba que la muchacha más tarde o más temprano pasaría frente a ellos. Quizás era lo único que ellos esperaban en esa plaza, tal vez era lo único que los unía.
—Me recuerda muchísimo a mi Ana- —dijo el joven con voz calma y pausada. —la forma en que balancea sus brazos, cómo se viste, sus pasos largos y decididos—
—Mi Ana tenía sus mismos ojos, marrones claros y profundos. También se sujetaba el pelo con un pañuelo de color intenso igual que la muchacha. –replicó el viejo.
El viejo sabía que probablemente sería una de las últimas veces que la observaría. Él lo sentía. Lo adivinaba. El frío y la brisa de la tardecita se lo recordaban a cada instante.
La muchacha se dirigía apresurada y en breve caminaría frente a ellos. Unos metros antes de pasar frente a ese banco blanco y gastado, aminoró su marcha, fijó sus hermosos ojos penetrantes en el viejo y dio dos o tres pasos más.
Frente a él, dejó caer una dulce sonrisa, que en ese instante al viejo le pareció la tierna y vieja sonrisa de su Ana.
Ahora la mirada de la muchacha era una mezcla de ímpetu y consuelo y de sus labios disfrazados de un rouge enérgico cayeron estas palabras que penetraron el alma helada del viejo. —Hasta luego, caballero-.
El viejo permaneció inmóvil, perplejo y confundido; no fue capaz de mencionar palabra alguna.
La muchacha continuó su camino, ahora apresurando su marcha una vez más. No dejaba de pensar ni siquiera un segundo en ese viejo, viejo dulce y enternecedor, que cada martes y cada viernes percibía solo, gesticulando y hablando con alguien sentado a su derecha, a alguien al que solo él podía ver.
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EL TIEMPO
EL TIEMPO
(Leonardo David Paniccia)
Siempre había tenido grandes inquietudes acerca del tiempo, me desvelaba solo pensar una y otra vez en él. En las noches donde dejaba correr mi imaginación venían hacia mí las ideas más incoherentes, toscas, y extrañas.
Siempre había tenido una gran admiración y respeto hacia él, más aún cuando yo sentado, y el también, pero desde más alto, dibujaba sin querer figuras abstractas con el humo de mi cigarrillo. Sus palabras a la hora de la siesta, y con el sol visitando mi biblioteca, cálida y luminosa, penetraban y se anclaban fuertemente en mí.
Nunca me había atrevido a llevarle mis propias preguntas, mas bien, el adivinaba mis vacilaciones.
- ¿Qué es el tiempo? – pregunte tímidamente con la voz quebrada e incluso algo pálida.
- Debes saber, pues, el tiempo no se debe, ni puede medir. El tiempo es el deseo de las personas, su derroche, atesoramiento. El tiempo no es más que una línea invisible e imaginaria donde dejamos huellas, algunas más grandes, otras enormes, algunas que en definitiva y eventualmente tienden a desaparecer. Es el sonido que desprende la vida misma, con sus poemas y sonetos vívidos, y sus llantos desgarradores. No es más que el amor y el temor. Es el camino elegido a cada instante regalado por Dios. Algunos tratan de clasificarlo, pero es en vano, utilizan palabras como presente, pasado y futuro, pero todo se sintetiza y condensa al pasado y al futuro.
- ¿Solo el pasado y al futuro? me atrevo a indagar impacientemente, ¿Y el presente? –
- El pasado existe, sin dudas, son los recuerdos que devora siempre, siempre un futuro. Cada palabra que estoy diciendo en este preciso momento va quedando detrás, cada paso, cada movimiento, pensamiento, y se alejan. Y cada palabra que continuará a esta misma, es el futuro. Lo que ahora somos es producto del pasado, incluso lo que seremos será producto de él mismo. Imagina arrojar un ovillo de lana sosteniendo su extremo, a medida que se va desplegando es el pasado lo que queda detrás, y lo que aún no es, será el futuro. Vas a terminar la escuela porque fue tu deseo, en el pasado, por supuesto, vas a comenzar una carrera porque terminaste el colegio y era tu objetivo, todo lo que has hecho modificará tu futuro sin dudarlo, lo bueno y lo malo. Ciertamente el destino es crucial, y creo en él cuando hablamos de futuro.
Hay quienes hablan del presente como un todo, San Agustín por ejemplo afirmaba que sólo existe lo presente: dondequiera que estén (pasado y futuro) no son allí ni futuro ni pasado, sino presente. Se replantaba la idea de esos dos tiempos, pasado y futuro, ¿cómo pueden ser, si el pasado ya no es y el futuro todavía no es?. Debo disentir, pues, desde mi humilde y modesta opinión, el Presente es quien no existe.
-¿y lo que está pasando en este mismo momento, eso no es presente?-
- Si, ¨gramaticalmente¨ lo llamamos presente continuo, presente progresivo. Tendemos a confundir estos presentes pero sus características difieren. No es lo mismo lo que está sucediendo en este preciso momento, ahora (presente continuo), con lo que sucede (presente simple). No tiene el mismo significado decir (James cocina, que decir, James está cocinando). El primer caso refiere a la generalidad, pero esa generalidad desaparece instantáneamente, porque solo tiene la idea del pasado, que alguna vez o varias veces cocinó, y probablemente lo haga en un futuro, pero claramente nadie puede saberlo.
Dirás que estoy totalmente desequilibrado y quiero desafiar las reglas gramaticales, pero no creo que sea correcto decir (Vivo en Londres) por ejemplo. Esa afirmación brinda la idea nuevamente que lo hice, y seguramente lo seguiré haciendo en un futuro, más bien diría, (hasta ahora viví en Londres), que se resume a un pasado, porque el futuro siempre es incierto.
Si usáramos una cámara filmadora, como para crear una metáfora de la vida y el tiempo, obtendremos el mismo resultado, solo pasado y futuro. Pasado: lo que vamos grabando, por que a medida que lo hacemos van quedando detrás, futuro: lo que aún no llegamos a grabar, y lo que estamos grabando en ese mismo instante lo clasificamos como un presente continuo (en este momento), vuelvo a diferir, no puede estar pasando, sino que paso y pasara, no puede algo eternamente ocurrir, lo que va sucediendo son infinitas partículas de tiempo que quedan atrás.
Y entonces… qué lugar representa el Presente? Donde habita? Existe? Afirmo que no.
- Me explicaste que el pasado y el futuro están íntimamente ligados, como puede ser posible?
- Cuando llegues a ese futuro incierto, te darás cuenta que ese futuro llegó gracias a tu pasado. Una vez más te daré el mismo ejemplo: comenzaste el colegio, y el día que seas abogado, filosofo, escritor (creería yo) sabrás que lo que hiciste años atrás modificó lo que serás y harás en años posteriores. No podrás ser lo que en un pasado no iniciaste con tal fin. Excepto gracias a la magia del destino.
Todo lo que haces (mal llamado presente, porque va quedando atrás), cambiará todo lo que harás.
Es una rueda viciosa e interminable de actos y consecuencias, una simple conexión de lo que fue y lo que será, del pasado y el futuro sin menospreciar al destino que se entrelaza con firmeza cuando lo inesperado lo convoca.
Al ver mis ojos grandes llenos de asombro, exclamó, con firmeza y sabiduría.
- ahora ve, sal de aquí, corre, vive y juega, y no te preocupes por nada, cuando tu futuro sea tu pasado comprenderás que lo único que importa es el futuro.
Así me aleje, dubitativo, confuso, extraño y agotado, pensando en las maravillosas palabras que me había regalado el tiempo.
(Leonardo David Paniccia)
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AÚN SUEÑO CON UN MAÑANA
Cuando con frivolidad
y de forma recurrente,
hablar oigo a ¡tanta gente!
falta de sinceridad;
de amor y fraternidad
entre todos con urgencia;
yo me sumo a la tendencia
consciente que es un engaño
por serle el prójimo extraño
y el fin su comodidad.
Mas sueño con un mañana
que dé paso a la utopía
y cese la miopía
de la condición humana.
Que en tierra, la mar arcana
y la sideral altura;
no encuentre una criatura
cuya suerte no me implique,
ni causa que justifique
hacerlo de mala gana.






