Los mejores poemas

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poema

Erasmo de Enero

Y un día yo fui madre, fui la mía propia.
Fui la madre de mi madre y la madre de la suya.
Y fui la tuya, Erasmo de Enero.

Y pajarearon chimeneas obsoletas
alicatadas en los pespuntes de la tarde.
La condescendencia de pianos alados
tejió el aura con sus obtusos alambres.

Tus ojos abrieron mi cadáver de niña.
Lo besaron en la frente, lado a lado sus mejillas.
Exhumaron sus latidos interrumpidos esperándose
en algún muelle de Enero debilitado, sin quejarse.

En la cartografía de un útero miserable,
tumbado en la fehaciente pira de porqués.
Ceniciento en la balada de tus besos
siento el amor madre, Erasmo de Enero.

Tendido en los balcones como sábanas blancas
Ciudadelas misántropas en la niebla,
De la tinta de pupilas que se extinguen
Como escarabajos en busca de quimeras.

En la coreografía de nuestros abrazos
Las malas madres se curan,
Las pobres niñas son y se quedan.
Y la voz que me escribe se libera.

( Dedicado a mi hijo, nacido en Enero).

poema

COINCIDENCIA

COINCIDENCIA

Somos infierno y fuego ardiendo apasionados
En la inspiración del deseo dos seres destinados
A en sus llamas como maderas consumirse
Y a lenta pero desesperadamente fundirse

Dos chispas ardiendo dispersas
Sin probabilidades de ocurrencias
Mis demonios y tus oscuridades, encontraron coincidencias
En la analogía de nuestras mentes complejas
Donde tu eres mi inspiración y yo tu fantasía perfecta

Dedicado a los amores intensos y apasionados,
que son la inspiración y la fantasía perfecta de
muchos poetas enamorados

Ney
29/10/2019

poema

Cielo abierto

CIELO ABIERTO

Jadeando escaló
peldaño a peldaño,
las rodillas razgadas,
las manos sangrantes.
La cima era la meta.
Abría los brazos
como un Cristo olvidado,
al que nadie visita,
al que nadie le reza.
No más cadenas
en nefastas miradas,
despiadadas altivas.
No más sosobra,
terror que no cubren las sabanas,
o la valla invisible de apariencias furtivas.
No más aterrador grito
que perfora el oído
y entumece el alma.
No más puntapiés, desprecios,
pretensión de que no pasa nada.
¡No más!
Subirá los peldaños
de amor propio y valía.
No buscarán sus ojos esperanza en el piso,
alzará su mirada
a corrientes de viento;
a un sol que cobija.
Abrirá sus oídos
a las aves que cantan.
Dormirá bajo el manto
de la madre luna,
bañará su cuerpo en aguas cristalinas.
Y sube,
peldaño a peldaño jadeante,
hacía atrás,
¡nunca voltea su vista!.

poema

El bazuco

He llorado silencios
He recogido mi alma empapada
y la he secado en las ausencias
Me acostumbro a la falta,
a moverme en los espectros

Es pronto, para una fiesta, es pronto,
pero suena aún faltandole la orquesta,
esa música suave de despedida
y esta cena, que de gala empieza sin comensales,
acabara llena de pañuelos y lagrimales

y habría de salir y perderme
en la feria de una trova...
vestir mi piel de poema,
dejar resbalar los versos
devaluarme la pena

No puedo, aún le veo,
radiante quedo su cara
en la temprana partida

¿que se perdió en las esquinas?
¿Que buscabas en la nada?
¿Que droga, podía darte
más que una madre abnegada?

Escapando de la vida
encontraste una muerte usada,
maldita la noche llevaba tu nombre,
el basuco, y la velada.

poema

SOY

Soy aquella que camina
persiguiendo la poesía
cuando la noche está fría,
cuando la yerba germina;
el verso guía y anima
a mi solitario andar,
tras el salgo a navegar
aunque el mar esté violento,
aunque azote un fuerte viento
nada me ha de frenar.

Soy la que lleva el vestido
tejido con cada rima
y el verso alcanza la cima
por su magia y colorido;
soy la que escucha el sonido
del bosque hecho poesía,
soy la décima bravía;
ese cantar melodioso,
soy el callado reposo
de la rima que hago mía.

Soy aquella que no olvida
el olor a tierra blanda
cuando la lluvia desanda
la pradera florecida,
soy esa que está vestida
con la caricia del mar,
esa que quiere cantar
de los versos su esplendor,
la que guarda con amor
la décima y su rimar.

poema

Alabastros

Todas en mí, alabastros de mis contreras.
En la servidumbre de mis estrías
en la calcarie de mi ombligo.
En todos los penachos amargos.

Todas en mí sulfuran como calles
de pueblos sin jóvenes.
Resucitan los fascículos de las horas
que un corazón hidrófilo ha empapado.

Todas en mí, todas esas manos.
Ya magulladas me llegan al tacto.
Ya polvorientas en alientos de ceniza.
Brotan en mi vulnerabilidad.

Difunden el lenguaje sin huesos.
Las dejo ser, amapolas de todos los besos
que nuevamente se proveen de ropa
en las turbulencias del amanecer.

Todas ellas reparten el mundo en mi piel.
El mundanal conocimiento que se esparce
entre ventanales abiertos y regresa de vuelta
al suelo primitivo del atardecer.

Las dejor resbalar por cataratas
de muchos metros; arraigarse a
constelaciones imparciales de edades
que no llegan a envejecer.

Todas las manos que se unen
como rebaños de querer
confinan los pasajes efímeros
Y dejan ser.

poema

Y SERË LLUVIA

Y SERÉ LLUVIA…
***********************
*****
Y seré lluvia torrencial
Que bañe tus suelos secos
Y que haga florecer
Tu desierto
Y donde hoy hay aridez
Habrá vida otra vez
***
Seré lluvia que avive tus valles y colinas
Para llenar de verdor tu vida
Lluvia que mojará tu corazón en capullo
Y lo hará florecer bello y tierno como un arrullo
***
Pero no vendré en silencio
Si no con rayos y truenos
Con un gran estruendo
Para que todos sepan
Que en ti florece la vida
Desde que yo soy lluvia y tu mi desierto...

Ney
28/6/2019
El amor puede dar vida a lo que ya muchos dan por muerto

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Juncal

No hay más de mí, no hay salientes que eructen metas
retratadas en mosaicos de farolas nocturnas.
No hay lumbres que pincelen pupilas callejeras.
Ni risas partidas bajo pisadas invertidas.

No hay ascensores que transporten miradas
al eco flemático de una estrella póstuma.
No hay colas de peces para el horizonte pulido de escamas,
ni consorcio de lo absurdo para el canto del poeta.

No hay más de nada de nada más.
No hay gruta ni víscera rupestre en las olas.
Ni lepras que modulen las eternidades
Ya sean de piedra, de hielo, de madera.

No hay nada de todo lo que no hay.
Los reflectores se apagan en las esferas.
Como bailes de cáscaras rotas.
Los matices vagabundean, hasta que se agotan.

Sólo visicitudes altaneras, haya, habrá.
Como cosquillas de trapo trenzadas.
Para equipajes que vengan de vuelta,
Los molinos de recuerdos se detendran.

Sólo no hay, sino que hay.
Argollas flotantes que sujetan las esperas.
Y en mí la toda la verdad.