Constantemente

poema de -

Constantemente

En el suelo, incluso más abajo, atrás se quedan las ruinas, los intentos en vano. El viento arrasa la explanada y ni con un equipo de arqueólogos se logrará encontrar la causa. En cambio, aquí en el pecho, como si fuera un huerto crece su efecto. Porque quizás no supe, ni sabré las razones del por qué lo hice, pero el futuro está hecho de eso que crece y me quiere cambiar. Y eso que dicen que el cambio no existe, yo les diría: ¿acaso no saben luchar contra la propia muralla, escalar, sortearla (o bombardear) para alcanzar la explanada y volverse a encontrar? Yo tuve un invierno muy largo; el centro de mi imperio quedó congelado y cuando quise avanzar mis pies estaban pegados. Pero un rayo cayó sobre el único árbol que quedaba en pie y hubo suficiente madera para quemarlo todo; ardió cada cosa que creía invencible. Ese árbol fue un sacrificio necesario e inexplicablemente ha vuelto a crecer (quizá, todo no ha de ser explicado). Ahora los inviernos son muy cortos, son como amaneceres fríos a los que les sigue un espléndido día. Al no estar las murallas el sol entra a raudales y puedo ver un inmenso horizonte. Es tan grande que ahora lo entiendo inalcanzable, y, por eso, aprecio tanto esto que tengo, esto que aquí se me da y que ahora veo con total nitidez e intensidad. El viento, viajero que viene y va, trae noticias de otros mundos. He visto murallas enormes en las que no pretendo entrar, mucho menos alterar su estructura y su nombre. Las murallas caen desde dentro con mucha más facilidad que con guerras o enseñamiento. Los rayos caen constantemente sobre cada imperio y el árbol de cada uno espera a arder en el justo momento,
quemarlo todo y nacer de nuevo. Voy caminando hacia el anochecer, el viento trae noticias, la lluvia trae aromas, el mundo se transforma, la vida es un vergel. Y aunque no pueda explicarlo todo, una cosa sí sé: que nada me puede detener ni siquiera yo mismo, ahora lo sé. Y también sé que aún queda mucho día por el que estar agradecido. Y también sé que el humano no es tan malo; sólo estamos mirando a eso que entendemos vida como si fuéramos su dueño, cuando no es más que al revés. Y la vida no es tan exigente, también eso es al revés. Y los rayos caen constantemente… Y el árbol nace en cada uno una y otra vez, constantemente.

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