NO MALCRIES A LA NOCHE.

poema de Penélope

He malcriado a la noche como un saxofonista enamorado.
Drogadicto de su derroche, su centinela arrodillado.
Como quien se remoja en el melindre de su oscuro mare mágnum.
Y su vintage de cultura inquieta, de rabadán soberano.

La he malcriado como dueño megalómano de su hacendado.
Componiendo seminarios en los palomares de sus cuervos.
Liberando sus grillos enjaulados por sonámbulos fantoches.
La he entrañado como folclore marsupial gestando sus encantos.

Dejándola crecer dentro de mí como cónyugue de mi sierra.
La he visto regurgir como tubérculo en la tierra.
Y vanagloriarse cual mamífero volador, cual Drácula sediento.
Como herradura de tabernáculo en su clímax esotérico.

Sochantre de los coyotes que se han quedado sin sufragio.
Y le aúllan como cazadores hambrientos que si
pudieran abrirían mis intestinos a bocajarro.
La noche que nunca sucumbió al poeta, ya no es quijote.

Ya es meteorito en bruto caído en el agua de Narciso
quien al reflejarse en ella se tiene, como vasallo sumiso.
Al malcriar la noche, se enciende el cráter rojo de la Luna.
Que es guardián de sus mil y un antojos, de sus noches como ninguna.

Y la leyenda penitente de sus ojos se conjura como un anticristo.
Como aquél cometa fugaz que nadie recuerda haber visto.
Y el horóscopo de su luminiscencia como gema valeriana
no se extingue con el pésame de la aurora al llegar la mañana.

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