Sálvame
Sálvame de las rabias,
De la perversa historia,
De las risas y enojos,
De las miradas locas,
Del sepulcro abierto
Y de la sal sosa.
Sálvame de las emociones,
De los desbocados sentimientos,
De la melancolía
Y sus entristecidos versos,
Del fuego que no se apaga
En el árido infierno.
Sálvame de las muchas palabras
Que dictó la conformidad,
De la costumbre maldita,
De las mentiras con verdad,
De las paredes blancas,
De las burbujas de cristal.
Sálvame de los caudalosos ríos,
De las estrellas quemantes,
Del frío de la eterna noche,
De la soledad imperante,
Del cantar del pajarillo
Que entona gritos agonizantes.
Sálvame de los misterios,
De las dudas imborrables,
Del tesoro terrenal,
De las tentaciones delirantes,
Del juego y del azar
En que siempre soy triunfante.
Sálvame de los duros fracasos,
Del desespero de la ignorancia,
De los días sin sol,
De las flores sin fragancia,
De la voz que sólo llama
Desde el fondo de la arrogancia.
Sálvame de las manos ociosas,
De la pereza de los actos,
De los pensamientos sin destino,
De los omitidos abrazos;
De la furia de mis neuronas
Que destruyen todo a su paso.
Sálvame de la luz cegadora,
Del tiempo desmedido,
De la escritura sin alma,
De la tinta del olvido;
Sálvame, te lo ruego,
Sálvame de mí mismo.




Comentarios & Opiniones
Muy interesante toda la descripción, los detalles, y el final. Sálvame de mi mismo, es una petición muy lógica, de un hombre a su Dios a su conciencia. Muy buen poema Emilio. Saludos!