Una Verdad de lo que quizás no te llegue a decir.

Hijo de mi corazón, No eres tú quien tenga culpa, para verte intermediario, en el diario de un pasado, que sólo guardó despecho, y que tampoco pudiese ella a la que llamas madre, cargar con culpa. Porqué tal vez la culpa, no exista. Entre las entrañas, se que engañan con artimañas el lecho que hoy nos separa.

Perdón!!!
Hecho injusto que arrebata tu inocente mirar, el mismo que a mi luz amarillenta pálida de lámpara, cargué de aceite que enciende en llamas la lumbrera de mi amor por ti, desde el día aquel en que supe que de tu llegada, donde tu morada era el adentro del vientre; Que esa lámpara otra sombra en el sillón de cuero frente al fogón de la Chimenea se reflejaba, y era ella por supuesto, la mujer que hasta los Alpes emblanquecidos por fría y blanca nieve, tú y tu madre se entre dormían, mientras a sangre honorable del tintero que el plumín marcaba en papel de empaque, la dicha por la que sé, que te dio la vida, y fue dentro del juego de dos inexpertos, hoy a lo abierto de mis ojos hacen llorar. Porque pues ya soy ese hombre, que ves obligado de algún ventanal, y duele me veas aquí donde la desdicha me acaba y quizás no tubo que ser así, si lo que un día prometí hubiese en su momento labrado, y como invocare yo, si en lo que queda de mi bien tendré al yo, que con magia de magos, aquello que hiciera el hechizo para poder cambiar algo dentro de esta obra teatral viniera y pagaría con mi vida, esa maniobra que a tu pequeño rostro le niega el reír.

No lo sé.
Y como no lo sé, me reprimo en las paredes de un cuarto blanco que sostienen la cordura de mi locura, locura que sólo se debe a la amargura del no tenerte conmigo, aquí en mi regazo. Como me duele saber que en esta soledad no estás conmigo, tú hijo querido, que eres lo prohibido del despecho o del dolor que entre tu madre y yo, en moléculas malignas aún atormentan lo que algún día en algún momento fue amor bonito, el flujo intrépido he insólito de aquel distante pero perseverante día que me alcanzo el deseó del mentado Cupido.

Amor que llevó al deseo prohibido, entre un juego atrevido, cuyos manjares lujuriosos que con tan sólo ella y yo vernos era suficiente afrodisíaca la entrega, pero que tú vinieras y te concibiera en el vientre de aquella mujer no sólo al secreto de nuestra testigo fiel, aquella lámpara si no en el cobijo del sereno nuestro amor te formó en sueños de adolescentes muy enamorados y como me duele. Lo digo entre lágrimas y como testigo estarán los laureles que sabrán entender que fue por tu madre que yo la vida misma en sacrilegio hoz daría, si saber que un día, tendría yo la osadía de renunciar a lo que en aquel momento tendría; Y que algunos llaman hogar y familia, sueños y metas, que quedaron en la banqueta de la avenida reforma.

Por ello te escribo y en algunos videos también lo digo, eres la ilusión innata, de todo lo que este poeta relata, para que sepas que no es que te haya yo abandonado, ni que de ti me haya olvidado, simplemente es pasado del que soy esclavo y me tenía encadenado en las cadenas del vicio, dónde por el bullicio de la sociedad amarga, al precio de tu distante amor y carisma hoy me ponen como las brisas de Mayo dónde te busco, y por más que te busco no te halló eres mi hijo, mi estrella, mi deseo y de todas mis metas la única que está completa y por más discreta que sea mi libreta no pude tapar el dolor que siente este hombre cansado, por no estar a tu lado.
Hoy
pasado 5 años y verte en escasos escaparates del tiempo, que no sabes cómo lloro en amargas culpas estando aquí, en el agonizante sentir que me visita y deja la soledad, acompañado de la tristeza y el lagrimeo de este mamarracho, como más el borracho se pierde en alguna pena incurable, he hablado con aquel que mora en los cielos, y diciéndole que sea testigo él de las noches de todo desvelo que haya tenido, del vivir y todo lo que haya sufrido, por sólo poder tener conciencia de toda la ciencia qué significa el ser padre, el saber si pude o podría o podré en algún momento, saber la fecha de todos aquellos sueños que un día de niño tuve con mucho empeño, queriendo ser padre como el que mi padre no pudo ser.
Van
pasado los años y no te puedo negar que te extraño y quisiera decir que vivo solo como tal ermitaño, pero son los años testigo de que cada día vivido, sufriendo por que aun que te siento tan cerca, las penurias que gobierna el corazón y razón de tu madre, el cual no culparía, no. Si bien tengo en mi diario que fui un cobarde cuándo ella me amo, es cada día un escrito que nace del puño de las manos, que a consciencia se niegan en la pelea injusta, que debuta al convenio de algún Jurado que no tiene ni siquiera cuidado, en el intrépido decidir de lo que hablé y hicimos pues, matar al vulnerable del que hoy es tu padre, entre sombras de rejas y quejas, mejor me es reposar al calor de un cajón de madera, y no verme como tal escriba de alguno, qué entre enojos y rabia, se calla mientras sólo le acusan.

Hijo eres motor de todo lo que yo digo y la benevolente del elocuente que hoy Perdona al tiempo y su faz injusta aunque sea un error del despecho, negarnos el lecho de tu junto regazo, cometido en el pecho como tal espina de algún zarzal que le reúsa a la felicidad de todos nosotros.
En tan solo aceptar que he creado un hombre prudente, pero de mal ver por mí triste pasado, que me llena de rabia porqué un día proveniente del Sur, este fuereño, que con palabras llenas de miel y promesas que no se cumplieron, se fueron convirtiendo en hiel en los labios de la que hoy día tú llamas madre y sin culpa un enojo entretejido por que se yo nos separa.

Erick Rizo

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