Para sembrar claveles y geranios.

poema de Franlodel

Para sembrar claveles
y geranios.

Ya sé que todo nace y muere en mí,
que mi alma se desnuda por la noche
y se viste por el día…, que soy
un círculo cerrado, que tus ojos
son un sueño que flota por el aire,
que lo que crepita en mi interior
en este día triste, –hasta la selva
y el río Grande y el árido desierto,
con sus pitas y sus ocotillos y
las lagunas verdes y los volcanes-,
tan sólo es un delirio que plasmo con
mi fantasía en el córtex regresivo
de mis hemisferios cerebrales…
Que el agua de la pila no es el mar,
ni los platos bergantines, ni el lustre
del mistol el brillo de la arena, ni
el tintinar de la cubertería
el tañer de la campana, ni el chorro
del agua el susurro de las olas al
disgregarse sobre la playa, llena
de caracolas y de destellos que
se enredan en las piedras…
que el graznido de las gaviotas y
el silbido de las chimeneas, no
es el del vapor del café al salir
por la cafetera…,

que no
existe en mi ventana el horizonte
ni en mis maceteros los claveles y
geranios…, que el cielo no es azul, que
mis manos no son alas ni mis piernas
dos corceles… que este amor es sólo
mío… que no tengo veinte años... que
me aplasta la incerteza de mi vida, que
se apaga lentamente - poco a poco-,
como la luz de una vela…

Ya sé que todo nace y muere en mí,
que mi habitación no es un alcázar
con torres y aspilleras, que no existen
las princesas rubias en mi vida, ni
los duelos con adargas y lanzas a
caballo, que mi insignia son mis canas
y mi himno la tos de mis pulmones,
que tu logro es sólo un sueño, y mi
arresto, las arritmias de mi viejo
y maltrecho corazón…

Ya sé que todo nace y muere en mí,
que las horas son de plomo, que todo
es repetido, que mi frontera son
los años y mis velas mis poemas…

¡Ya lo sé, ya lo sé…!

Pero dejadme a solas por favor
mientras fumo y me tomo este café
de la mañana, que quiero pensar
un rato, buscar la luz que me alumbre,
-abrazarme al pilar de mis creencias-,
para hallar el camino que me lleve
hasta donde nace la ilusión y la
esperanza, para volcarme en las
personas que me quieren de verdad y
volver a sembrar rosas y geranios
y claveles rojos, en las macetas
rotas de mi balcón.

Autor: Francisco López Delgado.
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