Esbozo de un testamento poético

poema de Fabio

En vano me quiso engañar la bella literatura. No. No moriré como mueren las rosas o los jazmines. Moriré como mueren las personas, y se pudrirá mi carne y la comerán los gusanos.- Una lápida austera, desabrida incluso, tapará de la vista de los curiosos ... el horrendo espectáculo. Y será así, hasta las cenizas últimas.
¿Qué será de mis intentos literarios? Seguirán como ahora, sin ser leídos, seguirán siendo nada. Mi lápida no dirá..."aquí yace un poeta" como tampoco nadie lo dice ahora, y sin embargo, sé que lo he sido, sé que lo soy, aunque el coro del mundo, repite incesante, que no.-
Yo trabajé, aunque siempre en el fracaso, infatigablemente el otro lado de las palabras. Pulí la piedra que nunca construyó la muralla... pero la labré con voracidad implacable. ¿Qué importa que siempre haya sido derrotado? Aunque parezca mentira, aunque toda la razón designe lo contrario, aunque no se crea... soy, después de todo, aunque nadie lo diga, un poeta feliz... y eso, sólo eso, me basta para existir. Feliz en este instante que escribo naderías para nadie. Feliz en este instante que tanto se parece a la eternidad. Feliz en este instante que habré de recordar, solito y contento, cuando mi aparente cerebro ya no sea. Porque no se recuerda con el cerebro o el corazón material, se recuerda con el poema, más aún, con el que nadie lee, con el más ruin, con el más despreciable, como este escrito rígido, que a nadie convence y a ninguno emociona.-
Nunca hallé la palabra perfecta en el poema perfecto que creara la lectura perfecta. Me endiosa saber que lo intenté, y no me asusta estar perfectamente seguro que nunca lo logré. Soy feliz, eso sí, aunque escribo como escribo, como el culo. Y ya no sé que más decir...

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