Jardín tras la tormenta

Jardín tras la tormenta
El cielo se rompe, la lluvia golpea,
el viento arrasa, la furia no perdona.
Lloro y quemo la piel,
cada lágrima un fuego callado,
cada golpe un recordatorio de mi fuerza.
El tiempo me mira con guillotina invisible,
y aun así respiro,
sosteniendo mi llama entre los escombros.
No hay consuelo fácil,
solo la densidad de vivir,
solo la lucha de permanecer.
Pero la tormenta cede poco a poco,
y el cielo se aquieta,
dejando pasar la luz suave,
que no quema ni estalla,
sino que acaricia,
como dedos que tocan un corazón cansado.
Y entonces veo un jardín,
flores que se abren lentamente,
colores que respiran calma,
aromas que envuelven y abrazan mi pecho.
El arco iris no grita,
susurra esperanza,
una promesa que llega sin estridencias,
un aliento sereno que me permite existir,
respirar, sonreír,
y sentir que cada tormenta
trae consigo un sendero de luz y alivio.
Estoy aquí,
junto a la tierra, al aire, al agua, al sol,
observando, agradeciendo, descansando.
La calma no es debilidad,
es equilibrio, es fuerza contenida,
es esperanza que espera,
y que sabe que aún en la edad y el tiempo,
mi corazón puede encontrar su jardín,
y mi alma, su cielo tranquilo.
24/08/2025
©Dikia




Comentarios & Opiniones
Me ha gustado. Saludos.
Muy buena obra, saludos.