Mariposas Sin Alas.
El feminicidio se ha vestido de gala,
pandemia sin cura,
crimen sistemático
que el mundo mira de lejos
mientras los hogares se quiebran
y el amor propio muere
bajo el peso de la impunidad.
Murieron sin justicia,
con promesas rotas bajo la piel
y la dignidad pisoteada
por manos cobardes
que confundieron poder con posesión,
amor con control,
vida con cárcel.
Eran mariposas,
volando entre días grises,
intentando ser libres
con las alas rotas.
Y el mundo,
cómplice de su silencio,
no escuchó su último grito.
Las arrancaron del mundo
como si fueran nada,
como si una vida pudiera apagarse
por decisión de quien decía quererlas.
Pero siguen aquí.
Vivas en la lucha,
en la memoria,
en el eco de otras que alzan la voz.
Porque no se mata a una mujer
sin asesinar el futuro.
No se silencia una vida
sin ensuciar el alma del mundo.
A ellas,
las que ya no están:
que sus nombres se vuelvan bandera,
que sus historias sean himnos,
que sus muertes despierten conciencias
y que jamás, jamás,
las recordemos como víctimas,
sino como mariposas sin alas
que aún siguen volando
en nuestra lucha.


