Hilos De Un Imperio.

Llegaste dejando atrás tu tierra,
la que te negó la libertad
y te obligó a emigrar.

Con tus hijos de la manos,
y un esposo que vio en ti
el fuego de la lucha,
te alzaste como roble,
inquebrantable ante los años,
los tropiezos y la tormenta.

Con determinación y trabajo,
con nada más que la fe en tus manos,
apostaste por un sueño
que resonaba en tu subconsciente.

Un sueño que muchos llamaron imposible,
un vuelo que algunos desearon truncado.
Pero hoy, desde la distancia,
solo les queda contemplar tu grandeza.

Mujer de temple,
corazón tenaz,
sigues levantándote cada día
sembrando memorias,
porque sabes que alguien
seguirá tus pasos,
y que el mejor legado
se escribe en la vida de otros
con amor, propósito y grandeza.

No todos ven tu esencia,
ni el alma buena que habita detrás
de la mujer que lloró en silencio,
mirando al cielo, pidiendo milagros que a veces no llegaron.

Renunciaste a la comodidad,
a los lujos lejanos de un boleto de avión,
porque sabías que el éxito
nunca se regala,
se forja con lágrimas,
se sostiene con fe,
y se conquista con perseverancia.

Hoy caminas con sencillez,
y quienes conocen tu historia
admiran a la mujer increíble que eres:
la que entendió que la vida
no es esperar a que pase la tormenta,
sino aprender a bailar bajo la lluvia.

Eres madre, esposa, abuela y líder;
y en cada rostro de quienes te rodean
ves una familia extendida.

Sigues sembrando esperanza, fe y amor,
tejiendo con tus manos los hilos de un imperio
que crece cada día, y que nació de un sueño lejano,
hoy convertido en una realidad que abraza tu nombre
con eternidad.