Caballero Del Silencio.
En ocasiones te veo caminar,
firme, sereno,
como quien guarda en su mirada
las memorias que el tiempo no ha podido borrar.
A veces sonríes,
y en ese gesto se refleja la grandeza
de los pasos que dejaste sembrados,
huellas que aún pesan en cada vida
que tocaste con vocación, amor y entrega.
Eres camino, historia, legado;
ejemplo vivo de que los años no borran
lo que se edifica desde el alma.
El cansancio no doblega tu espíritu,
ni apaga la claridad que en ti se enciende:
sigues iluminando senderos
con la fuerza callada de quien sabe
que el verdadero triunfo
no necesita ruido,
solo constancia.
Detrás de tu andar apacible
habitan silencios que fueron batallas,
caídas que se volvieron cimientos,
heridas que hoy sostienen tu grandeza.
Peldaños invisibles
que te impulsan a seguir,
a sembrar valentía y sueños
en aquellos que, al mirarte,
aprendemos a creer
que la esperanza no muere.
En ti descubrimos
que el futuro es una puerta hacia la grandeza,
que los sueños, con determinación,
trascienden lo tangible
y viven más allá del tiempo.
Pronunciar tu nombre
es escuchar ecos de eternidad,
risas escondidas en los pasillos,
historias que aún respiran
en cada corazón que abrazaste con dulzura.
Cada día que nace
es un nuevo comienzo,
y en cada inicio sigues inspirando
fe, luz y amor.
Caballero del silencio,
amigo, doctor, guía,
y por qué no, familia,
tu presencia nos recuerda
que hay hombres cuya vida entera
es una promesa cumplida,
una llama que nunca se apaga,
un canto de esperanza.



