EL HOY, ES EL AYER Y EL MAÑANA...

Queda claro que soy viajera sin tiempos.
Mi alma no olvida.
Mi mente no olvida.
Mi corazón no olvida.
Lo que para otros es añejo, para mi es cercano.
Huelo las flores que perfumaron mis sentidos desde la niñez.
Siento las gotas frías de la lluvia mojándome mientras corría calle abajo,
con los pies pequeños llenos de aventura y confianza.
Resuenan en mi memoria, palabras de personas que ya no están,
décadas atrás...
Soy una viajera del hoy que se nutre del pasado, aún sin quererlo.
Las voces están acá, conmigo.
Las reconozco y las reconocería entre millones.
Los abrazos aprietan mi cuerpo y los besos estallan en mi frente y mis mejillas.
Puedo sentirlos!
Por las noches, mi abuela Petrona vuelve a cobijarme en la oscuridad.
La sombra de mi madre, baila feliz al compás de la música de la radio.
Mi padre llega a casa... y su silbido perfora el silencio.
Todos a la mesa! Es hora familiar.
Cantan los jilgueros en la higuera repleta de sabrosas brevas.
Quema el sol las pitangas y uvas llenándolas de violetas sabrosos.
Es verano.
Pero también es invierno...
La calle se esfuma entre la espesa niebla lentamente...
Pasan furtivamente, los últimos caminantes de la noche
buscando el calor del hogar soñado.
Y llega la primavera.
Los gorjeos y los trinos desde el jardín se hacen algarabía y fiesta.
El aire perfumado alimenta delicias en flor y sentidos sibaritas.
Brota la vida y surgen nuevos sueños a estrenar.
Otoño...
Se lleva las hojas amarillentas y amarronadas
como presos a cadena perpetua.
Ventiscas que erizan la piel y enrojecen los ojos, por doquier.
Todas las estaciones...
Todas las épocas en mi.
No hay olvido, no hay tiempo pasado, ni presente, ni futuro.
Todo parece ahora, para la buena memoria que Dios me dio.
03 de enero de 2026
NOTA: imagen de la web




