DELIRIUM.

poema de Ray Day

DELIRUM.
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Oscilando entre la verdad y la mentira, veo pasar el día.
Cada vez que cometí una tropelía, confié en que alguno de mis títeres me exoneraría.
¡A veces todo un héroe!
Otras, un villano altitonante como el mismo Júpiter; como el mar inexorable...

Me postulo al aprecio y suplicando respeto,
equilibro la verdad y el falso testimonio cual trapecista.
Persuado al espejo en las mañanas, juego a ser como la bella Venecia, mas al caer el sol, mi almohada susurra la cruda verdad y en el castigo de mi conciencia, acabo siendo solo un charco que confluye cada noche en el mismo pantano.

—Adalid miserable—
Desconozco la gracia concebida.
Soy un polizonte, un perdiguero y un loco que
saluda con sombrero ajeno como todo un caballero en una plaza de París con mi corbata torcida.

¡Soy la última manzana del Edén, y del cielo, la última estrella perdida!
Me extravié en el camino y conspiro contra el Sol porque desvía mi sombra, aniquilada por la envidia.

En el conjuro de mis falacias el cuervo es flor
y en mi risa fingida no perdura ni una gota de resplandor pues no sale de mi alma, mucho menos de mi corazón.
Soy un ente muerto, sin embargo del mundo entero me creo un trovador.

Delirium. Un poco de humor para el mundo,
un payaso de plaza sin público, un fanfarroneo en muecas, una vana ilusión.
En mis fantasías soy la octava maravilla y en mis certezas, un simple árbol de Acacias que no retiene una sola flor...

Bufón. La soledad de esta mazmorra exorciza mi letanía, haciendo del llanto una pobre canción.

¡Oh, mazmorra de mis pesares!
Ataúd de mis andares, enemigo de mi propia sangre soy.
Blasfemo en un cuerpo petrificado, tierra infértil que pisotea el ganado;
voy sobre el yugo del buey que tira de su arado.

Mientras, en otras tierras sin ser aradas, germinan radiantes espigas cargadas al pie de las montañas y corren los ríos contentos haciendo de esta estación una eterna primavera.

Y en sus escarpados valles refulgen esperanzados, altivos, los montes de verde follaje donde llueven prodigiosas gotas de miel con sabor a sacrificio.

Raymond Sánchez.

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