Muro de Contención
Y, bueno, ¿ahora qué? ¿En qué tramo estamos? Estoy perdida. No veo ninguna señal nítida... Cuando me acerco para ver mejor lo que pone, todas las palabras escritas han desaparecido ya, como si nunca hubiesen existido. Y yo, perdida; y tú, que me ves, no vienes a buscarme. Te quedas mirando como me deshidrato, impasible, esperas el momento de la caída, quieres averiguar cuál es mi límite... Estás a punto de matarme.
Pasan los días, ya no veo ni espejismos, sólo noto la caliente arena bajo mis pies, que arden, como yo. Noto como pierdo la vista, y, de repente, caigo. Noto cada grano de arena bajo mi espalda; y tú vienes, me dices algo; no sé el qué... Pierdo también la audición.
O no. A lo mejor eres tú el que no sabe que decir; no me dices nada aunque esté a punto de caer y sumirme en la desidia.
Aún no sé como, pero me despierto bruscamente. Desorientada. Tengo una botella de agua a la mitad... Y tú, como siempre, ya no estás. Y otra vez, como siempre, me encuentro con el muro de contención que no me deja avanzar. No me dejas avanzar...
Antes de que vuelva a caer y tú no me des ni la mitad de ti, antes de que todo eso se vuelva a repetir, permíteme decir que no vas a conseguir ver mi límite; no haces lo suficiente por llegar a él, y, en el fondo, lo sabes, y, por eso, vienes a darme de beber cada vez que me ves "perecer" porque ambos sabemos que ni quieres que (te) pierda, ni, evidentemente, perder(me)



