PREFACIO LUNAR

No es la primera vez que mi pluma se desliza,
Sobre el papel, cual sierpe que se despereza.
Versos han brotado, cual sombras en la prisa,
Bocetos de un alma, que la noche atraviesa.

Pero hoy, un nuevo canto, de tinieblas y luz,
Emerge entre las sombras, con fulgor singular.
No esperen la miel dulzona de un laúd,
Sino el sabor amargo de un néctar lunar.

En este vergel de versos, donde el spleen reside,
Las flores del mal exhalan su perfume sutil.
No existen verdades absolutas, ni guía que valide,
Solo ecos de un ánima, que busca su confín.

Años ha, versos eclipsaba,
Cual vulpes astuto, ósculos cazaba,
Jardines desfloraba, desiertos ahogaba,
Mientras lidiaba con los espectros que rondaban.

Quizás Hermes, el astuto, guíe mi mano,
O Dionisio, el extasiado, inspire este cantar.
Pero es Hades, el sombrío, quien dicta el fado,
Y Perséfone, la bella, quien me hace soñar.

En el vergel de umbras, donde el eco persiste,
Un espectro de amor, su danza triste revive.
La luna, testigo mudo de su dolor profundo,
Ilumina el sendero donde el alma vaga errabunda.

Las rosas deshojadas, cual lágrimas de pasión,
Tapizan el suelo de un amor sin razón.
El viento gime entre las ramas desnudas,
Llevando consigo los secretos de almas desnudas.

En el silencio sepulcral, un canto se eleva,
Un lamento de amor que el tiempo no releva.
El susurro carmesí, cual fantasma fugaz,
Se pierde en la noche, sin encontrar jamás la paz.

Pero en el corazón, la llama aún persiste,
Un recuerdo latente que jamás se extingue.
El susurro carmesí, cual promesa eterna,
Resuena en el alma, en la noche y en la alborada.