El sueño de Cerbero

¡Es cruel el guardián de las puertas del infierno! el demonio Cerbero. Son pocos los que han salido triunfantes sin sentir sus garras y colmillos desgarrando carne y entrañas. Hipnos, el señor del sueño lo ha dormido. En la profundidad del instante Cerbero era liberado en el mundo, corría de oriente a occidente, del norte hacia el sur como lebrel en casería. Meneaba la cola cuando los hombres le daban de comer el corazón y sesos de sus hermanos; él lamia la mano de los Caín. ¡Es un festín tantas guerras en el mundo que Cerbero pensó que el Hades era aburrido! En oriente medio, la guerra no tenía fin. Cerbero rugía, cuando los bombarderos más sofisticados hacían temblar la tierra y el llanto de los niños amanecía con el alba. Los dromedarios de acero en el desierto, camuflados, esperando la señal de ataque. En el cielo,
azores a control satelital tomaban fotos o simplemente buscaban objetivos en tierra.
Cerbero no tenía que matar, solo se quedaba echado esperando la muerte de inocentes.
Cerbero pensó que los hombres eran demonios de carne y hueso que evolucionaron para la
guerra, todas las épocas estaban llenas de asesinos. Cerbero pensó que los hombres tenían esta semejanza de los dioses, porque las divinidades siempre han estado en guerra. Si quería un postre, Cerbero podía ir a los barrios del ghetto,
y de vez en cuando alguien era acribillado por una pandilla. En Latinoamérica, desde
México hasta cabo de fuego, si no era un cártel en las fronteras, era una mara en
Centroamérica. En fin, siempre había sangre y carne de algún inocente. Las favelas de
Brasil eran los postres favoritos, Rio de Janeiro con todos sus carnavales guardaba historias sangrientas. A veces, Cerbero se echaba en un incendio forestal, otras en un volcán en erupción, buscaba los terremotos si quería hocicarse. El mundo es un caos aparentando quietud. Cuando Hipnos trajo a Cerbero del sueño, éste comenzó a aullar como perro en medio de la noche. Cerbero sintió que su hogar estaba en la tierra.