Canto a la muerte

¿Cuántos nombres has tenido?,
¡oh, terrorífica!
Me llega de los versos de Virgilio,
el nombre de “Thánato”
y del éxodo, en voz de Moisés,
el nombre de “Heridor”.
El Liróforo te llama
“Emperatriz de la nada”.
Hollywood te viste de maestra de la logia.
Tu voz vocipotente
como arcángel de la muerte
que se viste de túnica
y oscuras capuchas
y sales a cegar,
en el campo de la vida,
con la filosa oz
del horrible instante.
Los oráculos fallan
en el momento previsto
en que sales por los valles
de las emboscadas.
El poeta de la paz,
el gran Hesíodo,
murió en su tragedia
como el destino final
de una cinematografía
de la cual no hay escape.
Los ojos de la Gorgona
son portales hacia el Hades.
Las negras Keres de la muerte
envidian a los héroes.
Constantino Petrou,
cantó a Zarpedon,
quien siendo hijo del crónidas Zeus
tu destino alcanzó.
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El Homero ciego,
miró con los ojos de Odiseo
a los hombres más fieros
y a los asesinados
por sus espadas de venganza.
Los dioses eternos
se mancharon las manos,
tal es el caso del airado Apolo,
que al gran Eurito asesinó.
El demonio del suicidio
tiene culpas profundas,
en sus manos hay pólvora
de revólver Smith & Wesson
y un rastro de bala
que se encontró en el corazón
de José Asunción Silva.
El demonio del suicidio
tiene rostro lánguido,
y sufre de letargo,
tiene receta en mano
de los barbitúricos
de la sobredosis
de Alejandra Pizarnik.
La muerte tiene rostro,
que solo es perceptible,
para el que yace en agonía,
es la “vieja de ojos torvos y dolorosos”
que mira Rubén Darío.
¡Oh, misteriosa!,
llegas en el momento más feliz
en la cima de la montaña,
o en el momento más desdichado,
cuando sucumbimos,
en las excretas del perro del tiempo.
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El ángel vocipotente
e inseparable nos acompaña,
por las callejas y veredas,
en la negra noche
envenenada con cicuta.
Como inspirador de triunfos
o asechanzas de fracasos.
¿Quién te ha engañado?,
¡oh terrorífica!,
si no el gran Odiseo
que bajó al inframundo
en busca del oráculo
de Tebano Tiresias.
O el sabio Sísifo,
que te ató con grilletes
y estando en el Hades
volvió a Corinto.
O la bella Psiquis,
que por amor
burló a Cerbero
y entró en el inframundo
a pedir a Perséfone
un poco de su belleza,
para Eros el dios del corazón.
Petrarca dice, ¡oh, cruel!,
que la fama te ha vencido.
Y Orfeo asegura,
que ha sido su lira.
Más san Juan ha dicho
que a Lázaro lo resucitó Jesús,
que este Cristo te venció en la Cruz.
¡Oh, terrorífica!,
nadie escapa a tu designio,
¡Lázaro, volvió a morir!