EL OTRO

EL OTRO EXISTE
PROSA
Está noche de luna sangrante, pienso en ella, mi mimosa y juguetona doncella, siempre sonriendo, con aquellos labios rojos al natural, sin una pizca de maquillaje, peinada como niña, con su doradas trenzas hasta la cintura, en esa cintura delgada, que al abrazarla, puedo jugar con las manos, mientras sientó su perfume a jazmín y la lavanda de su boca.
Le escribí el poema y se lo mande por chat, esperé unos segundos, su respuesta, miro la hora, es muy tarde debe estar durmiendo, al fin no todos tienen luz o sonido en sus celulares, avisando cada entrega, pienso en su celular color rosa, echado a su lado, con pijama, abrigado igual que ella con gorro, apretujados, riéndose del frío que hiela la sangre.
Puedo escuchar sus latidos agitados, cuando me besa y me sobresalto, pensar si está con otro, en el mismo lecho, con las mismas sábanas, tocando y acariciando el ombligo, que le agrada, pase la lengua en círculo.
Estoy imaginando escenas que no suceden, ella es como un lirio blanco, con esos ojos castaños verdosos, contemplando el cielo estrellado y preguntando con esa voz aguda, nuestra historia de amor, será eterna ¿Será eterna? .
Compara nuestra misión con Cleopatra y Marco Antonio y le recuerdo que él, murió antes y que ella dicen se suicido, como probar, si han pasado tantos siglos.
Sonríe, Dostoievsky y Appolinaria, me quedé mudo, no sabía a quienes se refería, ni como engañarla, alce los hombres y le dije Celeste y el principe de la zapatilla de cristal.
Soltó una gran carcajada que me parecieron las campanas de navidad, anunciando la llegada de Papa Noel, eso para mi, fue el premio mayor.
Mi corazón sabe que la amo, es mi candado para la vida loca, que llevaba, todas las noches en la discoteca, diversión y borracheras, además de llevar al cuadrilatero, a cualquier mujer necesitada.
Pero ella me ha curado del veneno mortal que bebía todas las semanas, desde que la conocí en la confitería, me he vuelto poeta y le escribo versos tan sentidos, tan llenos de emoción, que brotan como árboles frutales, son cerezas, cuando ella los lee, en voz alta y esa clara entonación con miel de dioses griegos.
Otra vez me sobresalto y si está con otro, en la misma posición de cuclillas, tocando sus muslos, frotando de abajo hacia arriba y ella con ese sonido de ¡if if if ah ah!
Que pensamientos ilegales para una mujer correcta, tarde tanto para penetrar su aposento y unirnos, lloré al descubir, que la desvirge, pase mis labios en las finas gotas de sangre inmaculada, entonces, estos pensamientos que afloran deben ser celos, de no dormir juntos, pero aún no puede ser, necesito estabilidad laboral y económica, entonces sí, vivir con plenitud.
Y si todo fue una trampa, para enjaularme, y llevaba algo similar a gotas de hemo, absurdo, que ideas en este insomnio, ya casi las tres, debo estar levantado a las cinco y empezar la labor a las siete, ocho largas horas tediosas en el almacén, contabilizando los objetos del contenedor, mientras pienso en sus facciones y la comparo con todo objeto.
Ese otro soy yo, que la inquieto, no la dejo dormir, atosigándola con esa duda y los innumerables chat de interrogantes.
Lunes doce de la noche, no me pude contener, tengo dudas, estoy con binoculares, observando su ventana, que da a la avenida, he subido a un árbol, con todos los implementos cómodos, para pasar mirando varias horas.
Compré un visor de vista nocturna y cámara de video de alta resolución, me interesa tanto, que debo estar seguro para dar pase al siguiente escalón, del matrimonio.
¡Qué veo llega un hombre en auto descapotado! es tan obeso, no creo, que tenga tan mal gusto, de una tonelada de grasa. No baja solo llama con el celular.
Abren la puerta de la casa, sale del auto y entra con un paquete muy grande, no se demora nada, se retira, colocándose una gorra y baja el capote, ha empezado a llover, la luz de la habitación se prende, pueda verla de pie, encendiendo la televisión, coloca sus manos en el rostro, está llorando, llora con desesperación, se echa en la cama, sin dejar de sollozar. Apaga la luz, no puedo ver más que el resplandor del aparato, que sigue encendido.
La mujer que amo, no reaccionó, amanece debo ir al trabajo, sin resultado a mis cautivos celos, madrugada de lágrimas, no me cambiopor otro.
Olor a café, para quitar la modorra, tengo que estar activo en el trabajo, sin huellas de ser un fisgón sin salario. Me pregunto la razón de su llanto.
Me llamó a las diez, me contó que debe ausentarse, que saldrá de la ciudad, algunos días, que volverá dentro de una semana.
En ningún momento dice el motivo, ni el lugar, me muerdo los labios por interrogarla, pero me contengo.
Bromeo con voy a llorar, te extrañaré, sentí su voz tan apagada, sin muestra de ese sonido a risa de complascencia que siempre hace.
He tratado de averiguar su camino, pero en su vivienda, nadie me informo de su paradero, solo movieron la cabeza, en un rotundo no.
Pasaron los días, regreso vestida de negro, muy delgada, como si sus frescos veinte años, se convirtieran en una añosa mujer cuaternaria.
- lo siento, murió mi esposo, tenía que asistr a sus exequias ¡ Ya todo término!
Impactado, no supe que responder, si existia ese otro, el otro, otro, no era mi imaginación, existió el otro, el otro. otro.





Comentarios & Opiniones
Un texto cargado de emociones intensas que explora los celos, la incertidumbre y los pensamientos obsesivos en el amor. Con un giro final impactante, revela una verdad dolorosa que marca al protagonista. Muy bueno. Saludos.