NO ME JUZGUEN

Los observé a los dos sin que lo notaran y no pude hacer otra cosa que poner en una balanza mi orgullo de hombre que se iría al carajo si no hacía algo para detener esa situación y el gran amor que sentías por él, a tal punto que mi cama hace tiempo estaba impregnada con su olor.
Acudí incrédulo como soy donde la bruja del barrio, aquella aterradora mujer que con sólo mirarla me hizo pensar en los mil maleficios que debían existir en la tierra y en lo horroroso que puede ser el infierno si hay más seres como ella en él. Nervioso traspasé su cortina de estampados zodiacales y piedras de colores, todavía sin poder ver con claridad, porque pasé de la luz de la calle y de la vida a la oscuridad de su cuarto y de su alma, la llamé titubeante, salió de la nada como una aparición, su voz logró sobresaltarme, casi no podía distinguirla en medio de tantos santos, velas, hierbas, afiches y figuras fetichistas que nunca habría sabido que existen si no entraba ahí esa tarde.
Salí mucho más nervioso de lo que entré, sus palabras fueron aterradoras. Pensé que me iba a sugerir una poción, unas hierbas, algún amuleto, no sé, cualquier cosa pero menos eso. Nunca he hecho daño a nadie y no sabía si iba a poder seguir su consejo, además, ella lo amaba tal vez más que a mí, lo conocía desde antes; estaba seguro, no iba a ser capaz de matarlo y mucho menos de destazarlo.
Esa noche en el bar bebía sin control, sobre la barra había gran cantidad de vasos, perdí la cuenta de cuántos tragos me tomé, físicamente estaba ahí pero mis pensamientos vagaban en otro lado, Carlos se dio cuenta que estaba nervioso, él siempre ha estado conmigo en las buenas y en las malas, no tuve más remedio que contarle todo y él, como buen barman que es, me escuchó sin interrumpirme y como amigo decidió ayudarme, menos mal que fue así porque quizás yo nunca lo hubiese hecho solo.
Al principio seguimos al pie de la letra las indicaciones de la bruja pero después, todo se salió de control porque opuso resistencia.
Esperamos con calma que se decidiera dejar la cama de mi esposa, ¡mi cama! y que saliera por la ventana como lo hacía siempre, debíamos hacerlo en silencio y sin levantar sospechas, especialmente en ella. Carlos lo arrinconó, forcejeó un rato, entre los dos lo metimos en el saco pero fui yo quien lo golpeó hasta dejarlo inconsciente. No me sentía mal después de todo, era exactamente lo que debí haber hecho hace mucho tiempo.
La parte más difícil vino después. Carlos no quiso ayudarme en eso, se puso bastante mal, vomitaba por todas partes y se fue dejándome para que lo descuartizara solo. La leña estaba encendida, ardía al rojo vivo y así debía ser pues tenía que hacerlo rápido y sin que nadie se diera cuenta; No sé cómo pude arrancarle aquellos pedazos de piel y de carne, ni de donde saqué tanto valor; solo sabía que debía hacerlo tal cual me lo dijo la bruja, el resto de su cuerpo se hizo cenizas en el fuego.
Al siguiente día le di un beso en la frente como si nada, le llevé el desayuno a la cama como si nada, se comió sus meloncitos en almíbar como si nada, pero mi esposa no sabía que lo mejor del desayuno era su sopita con carne. Yo la miraba como lo saboreaba, como su mandíbula trituraba cada pedazo, confieso que me remordía un poco la conciencia pero sólo un poco, además… ya no había marcha atrás, tenía que comérselo para que todos quedemos en paz, después de todo no creo que le supo tan mal, se terminó todo y hasta me pidió más.
Nadie se habría enterado de lo que pasó, mi secreto estaba a salvo conmigo, al menos eso pensé, pero Carlos, después de tomarse tres copas aquella noche que salimos al cine con mi mujer y terminamos en su bar como lo hacíamos siempre, decidió contarlo todo.
Ella tenía la mirada triste, cada noche miraba el lugar donde él se acostaba, sabía que detrás de su silencio había muchas preguntas. El peso sobre mi conciencia era tan grande que ya no me importó más lo que podía decirme o hacerme, le confesé, le dije todo, no le oculté ningún detalle. Le dije que no lo había hecho solo, que Carlos también hizo su parte y que, no se él, pero yo no estaba arrepentido. Ella finalmente lo entendió y me perdonó, después de todo no creo que valga más la vida de un gato que la suya propia. Ahora somos más felices, su asma la abandonó para siempre, lo extraña sí, pero no creo que sea irremplazable. No cabe duda, hasta ese entonces me di cuenta, que las curanderas algo tienen de razón y de sabiduría.

Comentarios & Opiniones

Leonardo Sarmhi.

Intrigante, hermosa narrativa..De principio a fin, capturó mi atención...Pensé, inicialmente en un crimen pasional..Una víctima de infidelidad..Bruja sabia..Su consejo, terminó con los celos de él, y asma de la mujer..Una muerte cruel, y un morbo..

Critica: 
Leonardo Sarmhi.

..y ensañamiento..con el gato...!! Pero no te juzgo. Bello..!! Me encanto la narrativa, en su esencia de género literario. Abrazos fortísimos amigo poeta Juan Carlos..!!

Critica: 
Jorge Loyola

muy bueno estuve a punto de dejar de leer por que me parecía demasiado tétrico; pero valió la pena continuar.
abrazo.

Critica: 
Jaime Mauricio.

Menos mal que era el gato, jajaja me imaginé lo peor, pero la forma de narrar hizo que me mantenga en la lectura, gracias por compartirlo, saludos amigo

Critica: 
JUAN CARLOS CADENA

Gracias mis estimados amigos Leonardo, Jorge y Jaime, un poco de suspenso con humor no viene nada mal en este tiempo de encierro forzado. he disfrutado mucho escribiéndolo y compartiéndolo. Saludos colegas, un gran abrazo

Critica: 
Adrián

Juan Carlos.
Excelente escrito, se queda uno a leer hasta el final y dicho sea de paso vale la pena. Lo siento por el gato, pero tenía que ser así con él.
Te sigo leyendo.
Saludos!!!
Por cierto que pocas lecturas, no saben lo que se pierden!!!

Critica: 
JUAN CARLOS CADENA

Hola Adrián, gracias por tu lectura y comentarios, me alegra que te haya gustado. Un abrazo.

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