Estatuas de segunda

poema de Pando

El desagrado de lamer
un premio de consolación
por no saber limpiarse las miserias,
el aprendizaje frustra,
el tiempo solo condena,
estático en la acidez de perder
las ganas de buscar consuelo.

Conformista de bocados mal vendidos
y escultor de estatuas de segunda,
no sé si morder o despellejarme,
seguir en la cruzada
aún sin fe de por medio.

Soy un taxista sin clientes,
el que sufraga las cuentas
con los borrachos que no recuerdan andar,
las migajas del auxilio
dan tan poco cobijo
que solo valen para medio poema.

El otro medio poema lo revive la sed,
o las ganas de no ahogarse,
la sentencia justificante de que
va siendo hora de bailar sin pecado,
perdonarme lo que no tiene culpa.

Ando entre mares,
ando entre estaciones,
ando entre delirios,
ando entre andaduras,
ando.

A veces me grito
y a veces grito,
justifico mis miserias por la
excusa de la falta de experiencia,
pero el que no corre vuela
y hace tiempo que sonó el disparo,
o no lo escuché,
o no soy tan valiente.

Este poema lo acaba
las ganas de huir, la cobardía,
la eterna derrota,
este poema se acaba
y es porque no tengo huevos a abrazarme.