Hay Mnemosine

Hay Mnemosine, a ti acudo cuando mis ojos espesos buscan mantener las ventanas abiertas.
Cuando el oscuro manto del reloj marchitas mis ramas, mis enredaderas y las gruesas hojas de mi frágil humanidad. Cómo si de un acto malintencionado se tratase, traes exceso de visitas, tantas que desbordan la sala de mi casa y ahogan los rincones del jardín.
Traes a tu tía indiscreta, a tu primo el haragán y a tus sobrinos fastidiosos, que corren y gritan cuando más quiero encontrar sosiego.
Hay Mnemosine, no te bastaron 9 hijas musas para flagelar el corazón de los hombres. Vienes a tallar en mi repisa la indestructible sonrisa de esa mujer. Que parece el más largo y agobiante lamento de Aquiles, hay Mnemosine, cuando más me negué a entregar el corazón, cuando más me enfoque en esconderlo, envías a Hermes a avisarme que al igual que todos los hombres mi más grande maldición está en unos ojos bonitos, un cabello tan oscuro como la noche y su nombre un veneno en cada V. Veneno que me mata al saber que cuando más indestructible me sentía, termine hundido, derrotado, cargando el peso de mi orgullo como Atlas pagando su condena.




