Llanto en el lago

Ojos que se humedecen, inyectadas pupilas,
pestañas, mariposas, son redes que deshilas,
tejida en un chinchorro, se apresa una tragedia,
Janitzio se sorprende, por mi alma, que te asedia.

Tormenta, lluvia negra, cual nube se adivina,
bañado en propias aguas, de espuma blanquecina,
me queda poco tiempo, llegué tarde a tu vida,
mas tengo la esperanza, mi ser en ti se anida.

Sin brújula naufrago, el vigor ya fracasa,
te pido que me salves, ven pronto en tu barcaza,
flotante, cariñosa, con cadencia de amor,
tus remos acaricien las ondas del candor.

Soy el pescado blanco que, agónico, se queja,
acuoso ser plateado que, nadando, . . . se aleja,
¿seré por siempre yo, con toda mi entereza,
p’urhépecha, de estirpe, fiel linaje, . . . de alteza?

Sueño con un estanque, pausado y redimido,
con aquellos oleajes que recobren sentido,
que emerjan de sus entrañas primaveras,
que ecología y natura sean verdaderas.

¡Qué mi llanto colme la inmensidad del lago,
qué mis lágrimas, tristes, sean salado empalago!;
han muerto atardeceres, fugaces, que fluyeron,
ocasos que marchitan las brisas, que se fueron.

Temprana oscuridad, frágil, tenue espesura,
deseo besar tus labios, la miel . . . de su dulzura,
tal vez alguna noche, vagando en la ribera,
comprenderá la luna a éste ser, que . . . te espera.

Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda
Isla de Janitzio, Pátzcuaro, Michoacán de Ocampo, México . . .
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