Secundarios momentáneos
El pajarero olvidó la jaula tan sólo unos instantes
para recoger unas extrañas aves mutantes
que jamás había visto en su pasado terrígeno.
Aquello fue como un gesto de desobediencia
a sus intentos perfeccionistas
de recorrer caminos con la finura de sus pasos.
Las aves mutantes
parecían extrañas formas de color de agua
impasibles
inalterables
de aspecto descuidado
Pero la naturaleza de este pajarero
no encaja en la vigilancia absoluta (¿obsoleta?)
y sabe que tú no tienes Dios ni lo tendrás
y que en las palmas de tus manos está escrito
que eres tu propio esclavo
y que de tus propias rejas jamás podrás escapar
Al volver, todo está teñido de un rojo que parece inacabable
y la jaula tan sólo es un albergue de cuerpos bañados de muerte.
Al lado del lamento insalvable
una criatura se acerca
y picotea migajas de pan en la mano
del pajarero.
Cualquiera se puede equivocar.




