No eras para mí.

Sabía que no eras para mí,
ya lo decía el viento alarmante
¡aléjate! no te arriesgues a quererle.
Mas mi corazón, carente de cordura
y tan adicto a tu dulzura
se atrevió a velar por ti.

Sabía que no eras para mí,
ya lo decían mis amigos pesarosos,
al advertir el final desastroso
y erradamente de ellos huí.

Ya lo sabía y no entendí
que toda tu belleza no sería para mí
¿porque sería Dios tan bondadoso,
sabiendo que tu destino era partir?

Sabía que no eras para mí,
me lo decía la experiencia preocupada,
que insistente me pedía que me alejara
y yo, ignorando su infortunio
me arriesgue a amarte sin fin.

Y hoy, arruinado y sin ti,
me he quedado sólo, sin ganas de vivir.
¡Debí escuchar las advertencias!
y así, evitar este sufrir.

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