CONTROL

Aunque pierda el control de mi cabeza,
aunque ponga freno a esto que confunde,
siempre llamarás a la puerta equivocada, y te darás
contra la pared equivocada, y escucharás en la piedra
equivocada, mientras mis amigos retroceden
con sus carnet de identidad como luz roja,
yo beberé de tus manos esa agua de arrepentimiento,
y me permitiré ser un tanto infantil y un poco
deshonesta será mi mirada cuando termine
de derribar tu puerta con este corazón de espinas...
Y las cortinas otra vez rasgadas,
y este amor, esta ronda de niños, este sueño de humo,
estos lacayos de naftalina, este beso desesperado
bajo tierra, esta muñeca rellena con los ojos del miedo,
y tú, obsesiva, no responderás ya más cuando,
catecismo en mano, haga de esta pasión
una obligación casi fantasmagórica, un pozo
ahogado de humillación. Allá
junto a la estación de trenes,
la casa de tus padres, la madre que me ocultaba
de todos tus clientes, porque había que comer y mantener ciertos lujitos de vez en cuando, y tu padre,
estancado en esa silla de ruedas, en el rincón oscuro
de esa pieza repleta de ese ruido verde
que salía de los movimientos de tu cuerpo frenético...
Siempre.
Besos bajo tierra, besos bajo tierra, besos
desesperados que golpean incesantes bajo tierra,
llamando.

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