Sesión interrumpida

En un fogón lejano
se queman los últimos gritos de desesperación,
en un fogón milenario
los profundos sentimientos
se transforman,
se hacen cíclicos
y las cenizas de lo vivido
se mezclan con las lágrimas de lo soportado;
pero el fuego sigue intacto
como nuestra sed de vida
como nuestra ambición por lo correcto...

El vaticinio sobre una parte de nuestra existencia
no es relevante,
tampoco el tiempo,
ni el debate prolongado
entre lo existente y lo ilusorio...

Solo nos queda observar el viento,
sentir el calor,
ver la luz...

Ese fogón jamás se apagará...

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