Ataviada en esplendor

Cuando atraviesas la plaza, dejas tras de ti,
la exquisita delicadeza de tu hermosura,
como una estela de astros luminosos
que prolongan la plenitud de tu brillo.

Son hilos de oro que brotan
del centro de una armoniosa sinfonía,
fragmentándose en el aire,
como aromas de gracia seductora.

Cuando se abren las puertas de par en par
y te muestras ataviada en esplendor
todos dirigen su mirada hacia ti,
alabando la perfección de tu belleza.

Es el deleite, al perderme en la luz de tu mirada,
el secreto del hechizo
que aprisiona mis sentidos,
con la encantadora melodía de tus palabras.

Deslumbra, mujer, con tu sonrisa,
la gracia de los campos y las flores;
la excelsitud de una escultura
adornada con túnica de estrellas.

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