Mayoriano
En una humilde mesa
hay dos hogazas de pan;
un cuchillo. Mayoriano
está sentado... Absorto,
él lo mira. Afuera,
no queda ya nadie en la tierra.
¿A dónde habrán marchado
los barcos mayorianos?.
Dicen, que nadando
hacia el encuentro de los Vándalos,
Genserico los detuvo...
Que en su mirada, estaba
posado un cuervo inevitable
acurrucado en sus iris.
Que los barcos, eligieron
alejarse; convertidos
en inofensivos peces...
No queda ya nadie en la tierra.
Mayoriano está esperando.
Su nuca está inclinada.
El romano cuello de César
espera que el silencio
le perdone, como un hacha
de verdugo. Que llegue
Isaac Peral; invente
el submarino, y le
devuelva el Occidente
mediterráneo del fondo.
Nadie volverá esta noche
desde Cártago... Han pasado
ya, seiscientos años...
Seguimos esperando
noticias del rescate
de Escipión. Él sigue
derramando sus lágrimas
sobre la tumba de Aníbal.
Sobre el inmóvil Alejandro.
Sobre Rómulo el mítico.
Él ha sentido a Odoacro,
al levantar su espada
y derribar, en un gesto
de caída la civilización.
¡Oh, Marco Antonio!, deja
en paz ese cuchillo
que lo mira a Mayoriano.
A Mayoriano, le duele
ese cuchillo; demasiado.
Le duele, como el mundo
en el incendio irremplazable
de la batalla de Actium.
-En la radio está sonando
“Somebody that i used
to know"-...Canta el corifeo.
Están Esquilo; Sófocles
y Eurípides, con las máscaras
tristes del coro de teatro:
“Oh, infortunado emperador,
te equivocaste de época
al nacer. Terrible error".
“¡Terrible error!. Serías
tú Pompeyo. Serías
Aureliano... Tiempo equivocado"...
Mira el orgulloso Partenón.
Atenea está de pie;
su inteligencia ahora
es herejía y sólo mármol.
Mira al imponente coloso
de Rodas. La Victoria
de Samotracia. Los frescos
de la batalla de Issos,
caídos a pedazos en el
patio. Mira a Cicerón;
decapitado como un busto.
Nos conmueve, su último
discurso, guardado
para siempre en el secreto
de una piedra. ¿Será capaz
de mover aún los labios?.
¿Advertirnos de Ricimero
como la muerte que llega?...
No. Marco Aurelio; Aecio;
Epicuro; Ptolomeo;
el oráculo de Delfos;
Esparta y Germánico.
Todo está ya detrás de él.
Las falanges macedonias
no despertarán.
Arquímedes; Demócrito
no despertarán.
Las legiones del águila
no despertarán.
Aquiles y Patroclo
no despertarán...
Delante, sólo brilla
una metálica hoja;
que suena al tocarla y vibrar,
como la nana que acunó
al mundo clásico; dormido
en esta madrugada,
en que el insomne Mayoriano
espera el alba, extraño
de la era medieval.
Los dedos del gran hombre
están unificando
un imperio imaginario
devastado por los bárbaros...
Con las manos desnudas;
rendidas en la nuca,
está tocando la gloria
el salvador Mayoriano.
Apartan sus cabellos
las temblorosas manos.
Excarvan todo el norte
del África; lo encuentran,
en la depresión bajo su cráneo.
De nuevo está la Pax
y la virtud Romana...
Se echa la cortina
de sus manos a la cara;
se acuesta en la barbilla.
Le gotean la Galia;
Hispania, Magna Grecia;
Egipto; Asia; Britania,
le caen desde los lacrimales
y chorrean por el brazo
como un mojado llanto...
Todos están muertos.
Han matado a Jano; Júpiter;
Heracles; Dionisos...
el Olímpo; el Hades ya
no existen. La crecida
del Leteo, se ha tragado
las piras funerarias
y Helenia se ha apagado.
Estamos solos, y sin luz
en el comedor. Mayoriano
está conmigo; lo estoy
imaginando, mientras
veo este cuchillo. Y ambos,
vemos solos este Otoño
taciturno... -Suena en el
silencio “Somebody
that I used to know"-.
Mayoriano, mira absorto
todavía el arma blanca.
Quiere realizarse
un aborto tardío.
Y desnacer todo el camino.
El fatigoso camino...
Está mirando el filo,
como si las cañerías
embozadas de vida
de su fontanería corporal,
necesitaran una fuga.
Como si adentro de sus venas;
corriese demasiado
de una vida, por desgracia
que sólo en él ahora existe.


