LA VERDAD
Todos afirmamos y todos mentimos,
la verdad nunca lo es, para serlo
debería ser impoluta, para serlo
debería estar fuera de cuanto percibimos.
Entre todos formamos las supuestas grandes verdades
que se esparcen con impulso por doquier, nos las creemos
porque los que vacilan son excesivamente vulnerables
y reproducimos lo que por cierto se tiene aunque dudemos.
No existe la verdad, siempre alterada por prejuicios,
no existe la verdad a medias, víctima de su parte falsa,
la verdad no es más que un ideal ingenuo, que calla
cuando interpretamos los hechos acontecidos.
Tampoco nuestra verdad intrínseca lo es, el imperativo correr del tiempo
asume el artesanado de enmarañarla, no es la nostalgia
más que una propicia y amable certidumbre adulterada,
a la que si regresáramos nos daríamos de bruces con el malogrado deseo.
No, la verdad no está en nosotros, necesita pureza de ser,
ignorantes son lo que piensan que la poseen,
y más aún los que piensan que la suya resulta excluyente,
deshonestos son los que mucho la temen
elaborando enredos para abonanzar su suerte,
fingiendo saber y no saber, fingiendo no saber y saber.



