Cuervos
Prohibidos, censurados, tal vez muertos
debieran ser sagazmente los cuervos;
aves que del podrido y fútil hueso
se nutren, beben del débil el miedo.
¡Engendros! ¡Cómo es que un vivo del cielo
parece nacer del eterno fuego!
¡Cómo me incineras, traidor! ¡Oh fuego!
Si te encontraron perdido los muertos
que en cavernas se ocultaban del cielo.
¡Fueron ellos! ¡Mi gente! ¡No los cuervos!
¡Nos debes la vida! No dejes al miedo
consumirme hasta el deslumbrar del hueso.
Sin helarte, a mí vuelve fiel, ¡oh, mi hueso!
Sin partirte, sin fallecer en fuego,
quedaremos enteros frente al miedo,
ante la deshonra primero muertos.
¡No seremos rapiña de los cuervos!
No somos bestias, nos espera el cielo.
Del polvo surgimos, vamos al cielo.
¡Imagina cambiarlo por un hueso!
Pues eso hicieron los malditos cuervos,
tranzaron dicha y sembraron fuego;
huyeron de la vida, buscan muertos
que mueren dos veces, antes por miedo.
Te tengo, pero soy tu esclavo, ¡oh miedo!
Ese edén desechado, ¡dame el cielo!
Después de todo, ¿se quejan los muertos?
¿Compiten por lápida, cajón o hueso?
No distingue, más bien extingue, el fuego,
y condena a perros, gatos o cuervos.
¿Será que es mejor, dolientes, criar cuervos
para que arranquen mi vista del miedo?
¿Es su ira menor al verdugo fuego
que usamos con los que escupen al cielo?
¿Serán ellos la venganza del hueso
de nuestro monte cubierto de muertos?
¿Será su fuego reflejo del hueso
de los muertos que dejamos por miedo?...
¡Santo cielo! ¿Serán hombres los cuervos?




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