Laberinto que llamo hogar
que me acoge entre sus paredes
yo protejo sin rechistar.

Me alimento de los cuerpos
de los que en parte son hermanos.

Abandonado por los míos por ser bestia
Perseguido por ser nieto de la antinatura

Entre la oscuridad y las antorchas
Camino por los pasillos de mi castigo
(Que) Solo soy la bestia
engendrada por una zoofilica ramera
y un depravado bovino blanco

Cubierto de pelo, ceniza y arena
Protejo con mi cuerpo cada tierra
De la senda sin salida

Donde catorce almas perdidas
Alimentarán mis tripas

Y de vez en cuando alguno
Creyendo poder matarme
Cae sobre mis fauces

Sus cuerpos serán mis abrigos
En las noches invernales de Creta
Su grasa combustible de antorcha

Y sus terrores alimentarán a los míos
Durante mis pesadillas.

Perdidos vagabundos errantes
Tratan a veces de encontrarme

Para pedirme bondad, paz y verdad.
Me guío por el instinto y los suelo matar.

Así que nadie entra en el laberinto
Sin antes hacer testamento
Soltando algún que otro lamento.

Y los que salen vivos de milagro
Acaban locos, ahorcados bajo un árbol.
(Que) al ver el fuego de mis ojos
Y las paredes ensangrentadas
entre huesos convertidos en colchón.

La cordura queda perdida en un ricón
Piedra fría entre suelos húmedos

Será la trinchera de muchos
De una guerra supuestamente heroica.

Acecho a los incultos
Los atraigo hasta el mal

Laberinto manchado con la sangre
De nombres sin importancia

Son el alimento de un castigo
Que me dictaron los dioses.

Soy minotauro y visto de negro
Para que no veas que me escondo

Entre las trenzas de ladrillo y hiedra.
Que no llevan a salida alguna.
Solo a la muerte.

Laberinto que llamo hogar
que me acoge entre sus paredes,
yo protejo sin rechistar.