Colectivos de un ser

poema de YAC

Un maestro me enseñó:
que 2 x 2 es 4,
que Dulcinea no es una mujer
y que no siempre la cura al dolor está en farmacias y hospitales.
Mis padres me enseñaron:
A soñar con inocencia,
a sonreírle al sol y a la luna
y a no dejar el barco hundirse ante la tosca arena.
Un viejo amor me enseñó:
Que nuestro universo no es infinito,
que existe una luz esperando para alumbrar nuestra caverna
y que a toda flor marchita hay que decirle adiós.
Tantos aprendizajes,
caminos
y razones de ser
en una sola vida
que me enseñó:
que una no respuesta
también es respuesta,
que lo que hoy sé
no basta para el mañana
y que no hay que ceñirse en un amanecer,
sino en soñar con otros atardeceres,
otras noches,
otros días,
campos,
amores
y sueños,
así como florecen nuevos cantos
cada vez que la lluvia se refugia sobre el abrigo de mi pecho