Fragmentos De Eternidad.
Eco profundo que se quedó en mí
como una llama que niega apagarse,
eres ese recuerdo que llega
como el aroma de un perfume
que al sentirlo te traslada a la felicidad.
Fuiste instante, pero también infinito.
Te fuiste sin irte,
como lo hacen las cosas que marcan el alma, como los amores que viven en los márgenes de lo que nunca se olvida.
Hoy, cuando el silencio me encuentra,
apareces en las grietas de mi memoria,
no como sombra, sino como esa luz que no daña,
pero tampoco deja de arder.
Eres el refugio al que no vuelvo,
porque nunca me fui.
Eres pedazo de tiempo suspendido,
un suspiro que no terminó de decir tu nombre.
No todo lo eterno necesita durar,
a veces basta un instante
para quedarse a vivir
dentro del alma.
Fuiste un soplo que no trajo viento,
una caricia que no tocó la piel,
pero sí el espíritu.
Llegaste sin promesas
y te volviste promesa sin regreso.
Tu nombre no lo digo,
pero en mi silencio
late con cada verso.
Te pienso sin pensarte,
como se piensa el origen de las cosas
que nunca entendimos,
pero que sentimos demasiado.
Eras real,
y sin embargo, eras sueño.
Te tuve más en la ausencia
que en la presencia.
Y sin tocarme,
me tocaste con una profundidad
que no sabe de piel,
solo de alma.
Fuimos apenas un cruce de caminos,
pero nuestras sombras
aún se reconocen en la distancia.
Fuimos ese amor que no se grita,
que se calla
para que no se rompa su misterio.
Ahora solo quedan fragmentos,
pero esos trozos tuyos
brillan más que muchas eternidades enteras.
Y me basta.
Me basta saber
que no todo lo que muere desaparece,
que hay memorias que se vuelven eternidad
en el corazón que las guarda.
Te llevas contigo
la certeza de que amarte
fue tocar un fragmento de eternidad
en medio de esta vida fugaz.


