Como La Primera Vez.

Todavía te recuerdo como la primera vez.
Aquel día en que te vi
con la sonrisa más bonita habitando tu rostro
y en tus ojos meciéndose una paz
con sabor a libertad,
esa que no he vuelto a encontrar
en ningún rincón del mundo.

En medio del bullicio de la vida
te volviste mi lugar seguro,
ese refugio al que regresa mi memoria
cuando el caos me alcanza.
Eres la melodía favorita
que canta mi corazón
cuando la vida pesa
y cuesta seguir.

Eres la lluvia suave en la ventana
cuando se me nubla la existencia,
el instante donde solo existimos tú y yo
en ese espacio íntimo
donde la vida no duele,
no pesa,
no hiere.

Allí puedo amarte sin fronteras,
en ese rincón afrodisíaco
de mis sueños,
al que llamo paraíso.

Siempre fuiste para mí
ese amor intocable con el que soñaba,
un amor que trascendió el tiempo,
que la distancia no pudo borrar,
que sigue viviendo en mí,
latiendo con la misma fuerza
de aquel primer instante.

Mirarte fue descubrir
el brote de una primavera
en pleno esplendor.
Y a tu lado,
aunque el día fuera gris,
ningún invierno logró matar
lo que tu alma y la mía sentían.

Hacer el amor era un acto sagrado,
sin límites,
sin fronteras,
sin silencios.
La entrega siempre era completa,
precisa,
perfecta.

Recorrer tu piel se volvió mi vicio,
y el aroma de tu cuerpo
permanece grabado en mi memoria.
Mi piel aún grita
cada caricia,
cada “te amo”,
cada respiración agitada
de tantas noches
en que tú y yo
fuimos uno.

Fuiste lo más parecido
al amor de mi vida,
y aún sigues presente
como esa historia bonita
que marcó para siempre mi destino.

Vives en mí cada día
y así será
hasta el último de mis suspiros.