Y Así fue.

poema de Ambnez

Ayer te encontré
En un rinconcito de inspiración.
Y volviste a desilacharme unos cuantos versos.
Olían a nostalgia insípida
Y a tus recuerdos putrefactos.
Estabas tan guapa,
Sonriente y triste.
Y yo cómo un imbecil queriendo curarte la tristeza.
Volviste a contemplar mi desorden,
Tierna y malagredecida.
Y te amé nuevamente sin saber porqué.
Volviste tan llena de silencios,
Tan fría del corazón.
Estabas intangible pero pude sentir el dolor.
Acariciaste mis cicatrices
Y besaste mi soledad.
Quisé llenarte de poemas justo después de follar,
Darte la mágia de mis letras,
Pero no tenias tiempo para los versos de un don nadie.
Te llené de poesía y te volviste inmortal,
De belleza crédula,
De lágrimas de cristal,
Y caderas que hacían volar.
Te encontré y contemplé aquella sonrisa,
Razón de mi afasia.
Juntabas mis pedazos,
Suturando las heridas del corazón,
Embalsamando las llagas de la ausencia que olvidaste.
Te Vi reflejada en otros poemas,
Y en la inspiración inequívoca de otros poetas.
Y pude mirar a mi melancolía sola,
O la tuya,
O la soledad de mi melancolía,
O la melancolía de tu ausencia.
Y me llené de rabia trepidante,
De la lujuriosa inquietud de no tenerte,
De la toxicidad de tus recuerdos.
Pero estabas allí como nunca estuviste,
Donde siempre estabas,
Con tu dulzura inefable,
Y con la mirada inanimada.
Observé alguna vez tus cabellos ondulados en otras,
Pero no estabas tú,
Carecían de esa sonrisa infantil,
De tus pechos de mujer,
Del ocaso bajando sobre tu espalda,
De aquel fuego infinito más abajo de tu ombligo.
Volviste a desgarrarme el pensamiento,
Trayendo mis miedos como un souvenir,
Y arruyando mis demonios.
Te quedaste marchitandome la vida,
Y llamándome desde el folio en blanco.
Te escribo ahora que extraño tu locura,
Y el tinte de tus labios.
Añoro tus manos sobre mi polla,
Y tus matices de niña tonta e inmadura.
A ciegas Cantandole a tu escote,
Y A las inquietudes de mis tristezas taciturnas.
Quisiera no mirarte más,
Pero me hablan de ti incluso Benedetti y Neruda.
Ahora que no estás,
Estuviste más que nunca lo tengo claro.
Volviste a dejarme tus metáforas humedeciendo mi cama,
Pero te odio y admito que lloré la despedida.
No vuelvas que yo te encontraré siempre cuando mis manos se cansen de acariciar la soledad ingrata,
Y decidan pintarte en versos,
Lo que otras se pasan la vida añorando.
Te cambiaría mis ojos verdes por dejar de verte en cada esquina de mis versos,
Que sin más llevan sabor a ti.
Tuve miedo de escribir y encontrarte,
Y así fue.