Ni el 77 de leopardos voladores
ni el 666 que es tan famoso
me han resultado nunca acogedores.

Prefiero el voraz apetito que se ve
en esos tus ojos soñadores,

o en tu boca, esa boca tan carnosa
que me atrae como la miel
siempre ha cogido a la mosca.

Siempre pegado a tu piel
como lapa bandeado las olas.

Vendrá la vida con sus furias
y yo seguiré agarrado a tu roca.

Roca, caramelito de azahar
que siempre endulza mi boca.