Bitácora de supervivencia postindustrial

El frío
de las noches
era el peor enemigo.
Sin árboles.
Plástico por todas partes.
Entonces lo entendimos:
lo que mejor se quemaba
eran los billetes.
Mañana,
si hay suerte,
encontraremos alguna bebida.
40 años
desde que vencieron
y siguen consumibles.
Supongo que,
si te hicieron de 30 litros de agua,
esa es tu mínima valía.
Y para la comida,
lo de siempre:
nada.
Quién lo diría:
tener un estómago con IA
fue lo que nos condenó...
y lo que nos salvaría.

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