LA CAMISA BLANCA

poema de Silvana

De pálido semblante se asemeja así tu
Rostro
Como a una camisa blanca, de algún Zar.
Agachas ese cuerpo esbelto y esa nuca recubierta por tan áureos
Cabellos mientras de tus ojos nocturnos resbalan unas lágrimas de fuego
Más ardientes que el mismo averno, más tristes que María de Magdalena implorando por plegarias
De pronto una mano tersa y extranjera le susurra a tu piel:
“Ya no estarás sola, ya no tendrás que huir, pues junto a mi alba yegua
Se camuflara tu pálido rostro entremezclado con esta camisa blanca que desde
Lustros traigo en mi torso.” No serás mía como una ordinaria concubina,! serás parte de mí!
Y así su palidez perfecta y de ensueño poco a poco iba se perdiendo
Entre el espesor de mi camisa blanca
Mientras galopando como un sinfín de dioses
La yegua tan nívea como inmaculada
Recorría bosques, dunas, ríos;
¡Alto! Dijo ella con voz franca pero tersa
La jaca paro al instante
Y fue cuando mientras su mirada infausta
Deslizo sus ojos azabaches atreves de la blancura de mi camisa
Acerco entonces su pálido rostro a mi blanca camisa
Lo deslizo y lo rozo por cada centímetro del incoloro atuendo
Mis ojos atemporalmente permanecían cerrados contemplando tan solo con mi estoica alma el éxtasis
De sus inmaculadas mejillas, ella deslizaba- se en la seda de la envoltura blanca
Yo podía advertir el meneo salvaje de su melena; mas deslumbrante que el rey de los astros; percibía el salivar de sus labios, el vibrar de su pelvis, como resplandecían sus pupilas, el rilar por completo su lívido talle.
Pongo ambas manos en su mentón; mis ojos se abren en un santiamén, el asombro que recorre mi ser al contemplar sus dorados cabellos es etéreo
Me deleito con el suave contraste de su pálida belleza y mi blanca camisa
Que como la más fina de las sedas conmueve todo su ser.
Miro, miro otra vez. Me horrorizo. Embelesado me conmuevo…y aliviado veo su pálido rostro que yacía sometido entre mi vientre
Y la camisa blanca.
Sabía yo que no serias como una ordinaria concubina. Tu deslumbrante palidez nació para ser la más hermosa esclava de un Zar de camisa blanca.

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