- No hay mayor refugio que la suma -

Fue lo que me susurraron tres torcazas ayer por la tarde cuando acurrucadas como si fueran los eslabones de una cadena, desafíaban a la tiranía de un frío desmedido.

El destino, puso en el muro de mi patio una metáfora, que se enraíza a todos los ámbitos de la vida, una llave maestra capaz de abrir cualquier puerta.

Desde hoy, intentaré prestar más atención a los leves susurros, a los pequeños ecos, a las pequeñas revoluciones de calor que escriben historia indeleble, eterna, magna.

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