El Niño Que Le Ponía Flores A Las Tumbas En El Olvido

Era 3 de noviembre;
año de nuestro señor,
cuando observé a un niño
colocando flores a las tumbas en el olvido.

El niño se me reveló como una mariposa por los espinosos senderos de la desesperanza
llevando como estandarte un pedazo de sol.

El niño parecía representar a los ausentes;
a los desmemoriados de sus estirpes,
yo lo percibí como un gorrión con impermeable para la lluvia.

Al cementerio; no todos llevan flores
(aún siendo dos de noviembre)
y no todos visitan a los que se nos fueron que hoy se circunscriben a un epitafio.

Y es que donde abundan las cruces y reposan nuestros caídos
hay tumbas resignadas que parecen desgajarse en ausencia de las flores.

Hay pasos marchitos entre criptas
agrietadas
y ofrendas que transmutaron a golondrinas sin retorno.

Si , soy testigo de que un niño
conjuró a las tumbas en el olvido,
cada flor fue un susurro
un susurro que seguro presintieron en el más allá.

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