EL HOMBRE QUE NO ME QUISO

poema de Penélope

He llegado al arte del hombre que no me quiso.
Cercana a la balaustrada de sombras que lo aprietan.
He bebido del réquiem de su piel trastornada y su quejido desnudo.
En el vástago grito de su esperma, he gemido.

Como caracola entre sus manos, he oído sus océanos dentro de mí.
Altanero, en las sibilancias de mi pecho desfibrilado. Su silencio castrado,
ha dolido todas sus gotas en el escorbuto de la vehemencia que me ha contagiado.
He apadrinado la liturgia de sus zapatos con los cordones aún atados.

Y no reniego de su cortesía de coito sin corbata.
Ni de los soliloquios que le madrugan bajo paraguas agujereados.
El hombre que no me quiso no es un extraterrestre.
No maldigo la antología de sus colillas ni tampoco sus peroratas.

No me asusto al ver entre mis piernas entierros de polillas.
He sido el arte del hombre que no ha podido quererme.
Y no soy alhaja guardada como nieve derretida.
No le llevo en el bolsillo como piedra mordida.

Sigo siendo la vecina de esa verdad que no cambió las sábanas.
Y en el tambor del atardecer furtivo, inquilina.
Sigo montando sobre el caballo negro de la noche tan divina.
Y cuelgo de la percha del quererme.

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