Mis posibilidades e improbabilidades
Solo quien ha construido su propio camino sabe del polvo que se adhiere a sus zapatos.
¿Por qué intentar surcar el mundo ajeno, cuando no se nos ha invitado?
Frágiles e ingenuos, se dejan seducir por palabrerías huecas que solo engordan el ego desmedido. Carecen de carácter: buscan adornos, falsas sonrisas, y se alimentan de adulación, casi siempre reducida al propósito de sacar ventaja, ofrecida por el sociópata de turno.
Mientras tanto, aquel que es correcto y certero en sus palabras, sin necesidad de fingir amabilidad ni demostrar un interés ilegítimo, suele ser condenado al escrutinio de expectativas ajenas.
Siempre he sabido que, muchas veces, el que ayuda lo hace desde el egoísmo de sentirse útil.
Con los años, la soledad me resulta más seductora; a menudo me descubro abstraída en mis propias ideas.
He comprendido que gran parte de mis pérdidas han significado una ganancia para mi autenticidad. Y no podría ni querría despojarme de la fe que aún me sostiene, aunque mis sueños cuelguen de un hilo.


