Día de jardín III

poema de Nicco Mendi

AMANECER
Siente el fin de su existencia; frágil y febril.
Ahora es cuando entiende el lenguaje de las urnas.
Se difumina en los albas, se vuelve débil;
siente el cálido veneno en sus venas brunas.

Pronto hoy será ayer ¡y todo habrá pasado!
Será polvo. No habrá huella, no habrá historia.
Beberá del brillante néctar hechizado
y al despertar no habrá ni una sola memoria.

¡Ya no habrá por qué esperar en Primavera
ni tampoco por qué desperdiciar lamentos!

El nogal se despojará de las hojas del frío;
un descenso de sombras, ¡vástagos sin cielo!
No sabían lo que era caer; ¡siempre hacia el cielo!
Sus ojos tan solo pensaba en el estío.

Toda nuestra vida pertenece a los muertos:
¡las manecillas culminaron con la espera!

Pues quedará sin horas; estoico, mudo el ruiseñor.
Sus cuerdas no podrán pronunciarla furtiva,
así, vestida azul; ¡una luna que silba
su despedida posada en un velo de dolor!

Terminó la espera, terminó el tormento.
Ya las manecillas dictan la siguiente era.

¡Amarrará su garganta al último rizo,
paciente, esperando el momento en que despierte
y al unísono se desplieguen en un liso
y triunfal levitando se torne durmiente!

Convulsiona la Noche cediendo a la Aurora.
Las estrellas culminan, la paloma canta,
y el cadáver tras su arduo rato ya no implora.
Un ala de oro le eleva envuelto de plata.