El padre

poema de misombra

Porque un padre nada encontró,
y de sus manos vacías
sus nacidas le dieron la espalda;
el silencio fue su herencia.

Sin victoria, la fe cansada:
sus vástagos no volvieron el rostro,
y nadie mencionó su nombre.
El silencio fue oración.

Pasaron los días sin anuncio,
y aprendió a vivir en lo que no volvió;
la soledad lo venció,
el silencio le enseñó a sostener el día.

No pidió respuesta al cielo
ni justicia a la tierra.
Guardó el amor que aún ardía:
el silencio apagó la llama de su respiro.

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