El secreto
Te vi ¡mi amado¡
mirando aquella foto en el cuarto
te vi con rabia en el rostro
cerrando el puño y llorando.
Me enternecí desde lejos
-en mi escondite privado-
pues soy la sombra del tiempo
que aflora sobre el regazo.
Sellé mis labios muy fuerte,
que no se escuche mi hálito
y sin mover mis enaguas
seguí mirando aquel cuadro.
Aquella sal de tus ojos mojó el joyero de plata y se veía muy hermoso brillando sobre las aguas.
Sacaste el lienzo de tela que doblado bien guardabas y que llevaba bordado dos sílabas entrelazadas.
Más nunca vi ese pañuelo que por el rostro pasabas pensé que te conocía más un secreto me guardas.
Por un momento el sollozo te hizo decir tres palabras; el nombre de otra doncella -del mío ni te acordabas- y un “te quiero” muy quejoso que te dolió más que el alma pues nunca hubo respuesta; ni mano que te aliviara.
El canto del ruiseñor encendió la luz del alba, y el cuarto estaba vacío; sin el joyero de plata.


