Desde el ritmo volcánico del Níquel

Hay ciertas barreras sedosas he impalpables
surcando las fronteras como la luz
las escritura es la última compuerta inalcanzable a la que se puede llegar.
Predestinados cerros y cielos se dibujan a la distancia
así se convierte en mariposa nocturna la oruga de mis ojos
se aloja un páramo incalculable en mi memoria polvorienta.
Ya son parte de otro mundo
aquellas visiones metamorfoseadas
aquellas canciones emanando de la marea bestializada
y desde el ritmo volcánico del Níquel.
El Níquel que palpita en el hervor de las arterias
y asciende hasta el fuego del comienzo antiguo y perpetuo
la sangre de las vertientes señalan los mares como ocasos de Mercurio
como tormentas estelares que se impulsan mucho mas allá de nuestras vidas.
Hay raíces que florecen y hay piedras que levitan
escapistas en la cuerda floja
la molécula de brillos respiratorios
las alas de hielo quebradizo señalando al sur.
Hay ventanales de frente, hay tormentas de viento
reflejos del sol domesticado como espejos de su erosión
las piedras vierten sombras desde la altura
como nubes insertadas
como naves irremediables surcando tierras del mas allá.
Tele-transporte que deja rastros en siluetas
como las humaredas del carbón que dejan huellas en la carne
son cercanas a las migajas de un alma desgranada
que se disipa como el aire.
Lava que mantiene mis partes juntas
explosión que hace que me encuentre
tantas posibilidades hay de ser
tantas variantes sobre la estrella
no podemos ir muy cerca del principio
por eso, solo queda perderse para encontrar nuestro tiempo.